España

A pesar del coronavirus, la Ópera de Madrid sigue abierta

En el Teatro Real de Madrid, el 12 de noviembre de 2020, mientras la orquesta se prepara para tocar "Rusalka" ante un público reducido, en el contexto de la pandemia.
En el Teatro Real de Madrid, el 12 de noviembre de 2020, mientras la orquesta se prepara para tocar "Rusalka" ante un público reducido, en el contexto de la pandemia. © AP - Bernat Armangue
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Mientras el contagio por coronavirus aumenta en todo el planeta, en la mayoría de las capitales no hay espectáculos en vivo, o muy pocos. Madrid es una excepción: las autoridades regionales han fijado el toque de queda en la medianoche, y dentro de poco tiempo será a las 22 horas. Esto permite, además de los bares y discotecas, dejar abiertas las salas de conciertos y los teatros. Un ejemplo emblemático es el Teatro Real, la Ópera de Madrid, una de las pocas en permanecer abiertas y mantener su programación.

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Un reportaje de François Musseau para RFI.

Son las 19:15 en la sala principal de la Ópera de Madrid. El famoso tenor mexicano Javier Camarena está a punto de subir al escenario, acompañado por la Orquesta Sinfónica de Madrid. Como cada noche, una voz indica que, por razones de seguridad e higiene, la cafetería está cerrada al público. La sala está llena, de acuerdo con las limitaciones impuestas por la Ópera, es decir que está ocupada en un 65%. El ambiente es recogido, se siente mucha emoción.

Por encima de todo, se hace hincapié en la prudencia. Alexander Morales, de origen cubano, es el primer violín de la orquesta sinfónica que toca aquí casi todas las noches. Detalla que las precauciones empiezan "desde que entramos en el teatro, desde la limpieza de los pies al lavado de manos, cambiamos la mascarilla cada cuatro horas, mantenemos la distancia, tanto en los pasillos como en el ascensor, se ventila bastante, hasta el punto que a veces pasamos un poco de frío".

Estrictas medidas de control sanitario

Ninguna otra institución cultural se ha tomado tan en serio la seguridad sanitaria, por lo que la Ópera lleva abierta desde julio y no ha modificado su programación. Gracias sobre todo al apoyo de sus patrocinadores, el Teatro Real ha invertido 900.000 euros para adaptar su infraestructura a la amenaza que supone el virus. Todo se desinfecta sistemáticamente; en la entrada, una enfermera toma la temperatura de todos los espectadores y registra sus datos personales, para que, en caso de contagio, se pueda rastrear hasta ellos.

Uno de los riesgos, por supuesto, es el que existe entre los músicos y los cantantes, que pasan mucho tiempo juntos y cercanos. De ahí la importancia del despistaje. "Para los ensayos, realizamos pruebas de manera bastante habitual. Creo que nunca pasan dos o tres semanas sin que repitamos las pruebas. La verdad es que está yendo todo bastante bien, no ha habido ningún rebrote", explica Gema González, que toca el piccolo en la Orquesta Sinfónica de Madrid.

No hay pérdida de ingresos para los 300 empleados

Permanecer abierto y mantener la programación ha sido, y sigue siendo, un reto muy importante en estos tiempos de incertidumbre sanitaria. Pero para el presidente del Teatro, Gregorio Marañón, era imprescindible hacerlo: "Inauguramos el 1 de julio con una Traviata para decir que la cultura no se encierra en la seguridad de una casa cerrada".

Se trata de mantener el rumbo de la cultura, aunque sea realmente difícil, como señala el director general de la Ópera, Ignacio García-Belenguer: "Nuestros abonados, incluso en esta difícil situación, han agradecido enormemente que abriéramos en el mes de julio ofreciéndoles este espacio para la ópera y la cultura".

Contra viento y marea, la Ópera de Madrid sigue su curso, con la esperanza de que las autoridades regionales sigan promoviendo la vida nocturna y la cultura. De momento, este emblema de la capital tiene algo de lo que enorgullecerse: no haber puesto en paro técnico a ninguno de sus 300 empleados y no haber reducido ningún salario.

 

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