Desde su cabaña en California, este hombre eligió enfrentar el incendio

Twain (Estados Unidos) (AFP) –

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El humo de un incendio masivo en California envuelve la cabaña de Jon Cappleman en una bruma ocre, pero él se niega a desalojarla. Si las llamas del incendio Dixie llegan a su propiedad, el hombre de 60 años asegura que está listo para enfrentarlas.

Para proteger su rústica cabaña, enclavada en un bosque de pinos cerca del pueblo de Twain, todo ha sido pensado hasta en el más mínimo detalle.

Desde hace varios días, una bomba succiona agua de un arroyo cercano y la transporta a su propiedad a través de unas tuberías azules. Jon Cappleman la usa para regar abundantemente el suelo frente a su cabaña y asegurarse de que siempre esté húmedo.

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Durante todo el año, él y su esposa se han encargado de limpiar el área alrededor de la casa. Sus cabras se encargan de cualquier rincón que haya sido olvidado.

- Días sin dormir -

El incendio Dixie es el octavo gran incendio al que se ha enfrentado Cappleman desde que se instaló en el valle en 1982.

Pero este último fuego, que ha estado destruyendo los bosques del norte de California desde mediados de julio, es "el más grande" que ha visto en su vida.

¿Culpa del calentamiento global? El hombre rechaza la idea haciendo un gesto con la mano.

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"No creo que el cambio climático tenga nada que ver con esto".

De repente, un fuerte ruido atraviesa el cielo. A unos cientos de metros de distancia, un árbol dañado por las llamas acaba de colapsar.

"Desde hace días estamos escuchando estos 'bum'", cuenta Jon, con tono preocupado, mientras inspecciona las coníferas que rodean su residencia.

"Dormí 25 horas en la última semana", lamenta el hombre encendiendo un cigarrillo. La casa no ha tenido electricidad desde hace tres días.

- Confiar en extraños -

Entonces, ¿por qué no desalojar, como han hecho los demás?

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"Uno no confía la seguridad de la familia a extraños", insiste.

También es imposible transportar a los cinco pavos, 30 gallinas, 10 cabras y seis gatos que deambulan por su propiedad. No, hay que quedarse. Escupe la colilla para apagarla.

Seis camiones de bomberos están estacionados al pie de su propiedad de cinco hectáreas y monitorizan el avance de las llamas.

"Hay un incendio en la cima de este cerro que potencialmente podría tener un impacto en estas casas", advierte Jason Serrano, a cargo de un cuerpo de bomberos.

El incendio Dixie es tan grande que ahora genera su propio clima --porque crea sus propias nubes, que causan rayos y vientos fuertes--, lo que hace que su trayectoria sea aún más incierta.

"Pero hemos identificado a los que han decidido quedarse y podremos advertirles si hay necesidad de una evacuación de emergencia", dice.

Un grupo de bomberos se acerca a inspeccionar la propiedad de Jon Cappleman. El anfitrión los recibe de buena gana, visiblemente muy orgulloso de su operación logística.

Pero ellos le señalan un trastero al aire libre a unos metros de distancia, donde se atisba una bicicleta vieja, un montón de cables... "Estoy un poco avergonzado", suspira el hombre. "Eso podría provocar un incendio".