Saltar al contenido principal
Desconfinamiento

Sobreviviendo al desconfinamiento: el teletrabajo, doctor Jekyll y el señor Hyde

Con la pandemia, el teletrabajo se ha normalizado. Pero esta práctica requiere ser regulada por el bien de los asalariados.
Con la pandemia, el teletrabajo se ha normalizado. Pero esta práctica requiere ser regulada por el bien de los asalariados. © Business Wire / AP
Texto por: Florencia Valdés
10 min

En esta primera crónica de ‘sobreviviendo al desconfinamiento’, nos enfocamos en los dos rostros del teletrabajo, el amable que permite reducir tiempo de transporte y estrés ;  y el hostil con una práctica improvisada o abusiva. La cuarentena frente a la computadora podría dejar huellas hasta en el derecho laboral.

Anuncios

Con esta cuarentena en todas las latitudes, muchos trabajadores descubrieron el teletrabajo sin haberlo pedido o preparado.

De la noche a la mañana se encontraron en casa frente a una computadora muy distinta a la de la empresa en la mesa de la cocina entre las croquetas del perro y un biberón.

“Antes de este evento, en cuestiones de teletrabajo siempre ganábamos porque se definía como un premio una vez al mes o a la semana para evitar los transportes”, resume Natalia Usme, pionera de la antropología de negocios en Colombia y socia de la consultora Flipa. De hecho, su organismo realizó un estudio en el que busca entender las nuevas prácticas de trabajo a distancia: “Insiders Home Office”

Experiencia positiva

Antes del confinamiento, la arquitecta y urbanista Ana Claudia Correa ya gozaba de ese “guiño” de su empresa un par de veces al mes, como lo define Usme.

Quedándose en casa se ahorraba largos trayectos entre el centro y las afueras de París. Lo que le permitía hacer una jornada laboral “más tranquila”. Así que para ella “la experiencia de teletrabajo durante el confinamiento fue positiva”.

“Estaba equipada para hacerlo. Las obras se pararon pero los proyectos continuaron. Teníamos reuniones con el equipo y no teniendo hijos no tuve que ocuparme de este aspecto”, cuenta.

“Dejé de consultar mis correos en el teléfono personal"

Se impuso un ritmo para equilibrar vida privada y laboral y una disciplina de desconexión: “Dejé de consultar mis correos en el teléfono personal, me impuse límites para reconectar conmigo misma y descansar”.

Sin llegar a este grado de perfección de teletrabajo en confinamiento, muchos asalariados están agradablemente sorprendidos con la experiencia.

En Francia, por ejemplo, una persona activa de tres experimentó el teletrabajo y un 40% quiere continuar de vez en cuando, según un reciente sondeo. Los más convencidos se plantean hasta mudarse para mejorar su calidad de vida sin renunciar a su empleo.

Sin embargo, para otros, esta práctica cuando es improvisada se convierte en pesadilla.

¿Quién paga una buena conexión a internet?

“El teletrabajo permanente que se nos plantea ahora presenta problemas porque todo depende de la calidad ambiental. Tengo que tener un lugar cómodo para trabajar, buena computadora, buena conexión a internet, no tener a un niño que llore al lado, conocimientos. ¿Y esto quién lo provee ? ¿El empleado o la empresa?”, se pregunta Juan Raso Delgue, profesor de derecho laboral en la Universidad de la República de Uruguay  

Una de las dificultades del teletrabajo de cuarentena es el manejo de la tecnología. Natalia Usme apunta que la diferencia de perfiles en las organizaciones se puede acentuar en este caso extremo: “Tenemos a colaboradores que se ajustan a nuevas dinámicas, elementos digitales o metodologías más rápido que otros, hay otros más tradicionales y también los que tienen experiencia con el teletrabajo que ya han creado rutinas”.

La "alfabetización digital", asunto de supervivencia

En todo caso, “la cuarentena nos muestra que todos los cargos, operativos o estratégicos deben tener alfabetización digital, es lo que trajo a colación nuestro estudio”. Al que no le haya costado una vez entrar a una reunión Zoom, que tire la primera piedra…  

Las dificultades tecnológicas alargan la jornada laboral que de por sí se ha alargado con ese impulso de “compensar y de mostrar que se está trabajando” con horarios atípicos. 

“Por eso, un marco regulatorio es muy importante", resalta Juan Raso. "Si no, terminamos trabajando todos los minutos del día. El ser humano precisa descansar, estar con la familia”.

“Lo terrible sería hacer del teletrabajo una forma de vida en el trabajo”, agrega.

"La nueva normalidad I"

Publiée par El Mayo Monero sur Dimanche 24 mai 2020

 

Ante el hipotético regreso a la oficina o a un teletrabajo prolongado por razones sanitarias, la antropóloga de negocios plantea “un seguimiento emocional de los empleados para saber qué sienten con ese nuevo comienzo”.

“El hombre puede trabajar a puertas cerradas, la mujer no"

Un seguimiento aún más necesario cuanto que todas las barreras entre la vida privada y vida profesional han sido demolidas. La muy necesaria desconexión ha quedado a menudo de lado. Se confirma en el caso de las trabajadoras que están conectándose a deshoras para completar lo que no han podido hacer durante el día.

“El hombre puede trabajar a puertas cerradas, la mujer no, siempre tiene que estar atenta a la familia. En Latinoamérica hay cada vez más familias monoparentales. Lo que significa que la mujer está con un brazo en la cocina y la computadora y el otro con los niños. Es una nueva forma de acentuar una discriminación”, advierte el profesor Raso.

"Que el teletrabajo sea una oportunidad, no la norma"

Según el especialista en derecho laboral, en este contexto, se reproducen vulnerabilidades. El ejemplo se aplica desde luego a las teletrabajadoras, un “colectivo vulnerable”. Insiste en que “el teletrabajo es un instrumento bueno si existen garantías reales de desconexión y que sea una oportunidad, no la norma”.

En todo caso, y a pesar del deseo de los empleados de alternar trabajo en la oficina y en casa, esta práctica está muy lejos de ser la norma. “Lo que tiene atorada la interacción entre colaboradores y líderes es el factor confianza. Se tiene un enfoque demasiado paternalista y controlador. La gran lección de la cuarentena es que el management debe aprender a confiar en su equipo y falta mucho para llegar a ese camino”, constata Natalia Usme. 

“Confiar es reconocer las necesidades del otro y para eso hay que reconocer que el otro existe”, explica.

Teletrabajadores del mundo, uníos

De lo que sí se han percatado muchos empleadores es que quizás no es tan rentable tener oficinas tan grandes pudiendo tener a una parte del personal en casa. De hecho, Mark Zuckerberg quiere poner a la mitad de la plantilla de Facebook en teletrabajo.

Sin copiar del todo a la Silicon Valley, lo que teme Juan Raso es que el trabajo externalizado e independiente pese aún más. “Antes de la pandemia, el teletrabajo era una forma de labor no protegida”. Los que ejercen en ámbitos creativos, los periodistas y otros más se saben el cuento de memoria. 

“Mi preocupación es que una vez terminada la pandemia, muchas empresas se digan que van a utilizar a teletrabajadores externos más precarios, dice. Probablemente, en la post pandemia, los sindicatos deberán tener que imaginar afiliar a trabajadores informales ”.  

¿La muerte del "open space"?

Parecería que el “open space”, el espacio de oficina abierto, tiene los días contados. En lo inmediato, por razones de seguridad sanitaria. A medio plazo, para responder a los nuevos paradigmas del mundo laboral.

Para Natalia Usme el “open space” es más que la detestada oficina compartida, que huele a comida del vecino, en la que concentrarse es un desafío continuo. “La decoración y distribución de la empresa cuentan una realidad y expresan notas de cocreación”, explica. 

Dicho de otra manera, los intercambios entre colegas sumados al café o a la hora del almuerzo son tiempos útiles en la vida de la empresa. Sin contar que muchos perfiles necesitan la compañía y las dinámicas físicas para rendir.

Sin embargo, esa cercanía contradice totalmente la distanciación social. La antropóloga de negocios imagina que “basándose en la tecnología y la innovación se pueden crear burbujas en el interior de la organización que permitan al colaborador protegerse. Incluso, se pueden activar en momentos como éste, no necesariamente todo el tiempo”. 

“Los trabajadores que retoman su asiento después de la cuarentena, no están ‘regresando’, es un nuevo comienzo”, indica Usme.

Esta necesaria reflexión sobre cómo podemos trabajar mejor acoplando las expectativas de las empresas y de los empleados corre el riesgo de pasar a segundo plano ante la crisis económica, la pérdida del empleo o el temor de perderlo. 

Boletín de noticiasNoticias internacionales esenciales todas las mañanas

Página no encontrada

El contenido que solicitó no existe o ya no está disponible.