ALEMANIA

La estrella de Merkel se apaga un año después

La canciller alemana Angela Merkel
La canciller alemana Angela Merkel REUTERS/Ints Kalnins

El 27 de septiembre de 2009 la canciller alemana aplastaba en las urnas a sus rivales, y a la vez socios de Gobierno, socialistas. 365 días después, las encuestas muestran que hoy perdería la Cancillería y que su imagen se hunde entre los alemanes. No obstante, tiene un as en la manga: Alemania ya ha superado la crisis.

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Se cumple un año desde que la canciller alemana, Angela Merkel, ganara las elecciones germanas dejando al Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) hundido en el barro con los peores resultados de su historia. Aquel 27 de septiembre de 2009 la Unión Cristianodemócrata (UCD) se impuso con casi un 40% de los sufragios. En ese momento, Merkel renovó su segundo mandato, apartando su obligado affaire con los socialistas y gobernando con los eternos socios de CDU, los liberales, que subieron como la espuma consiguiendo el 14% de los votos. Eran tiempos felices para Merkel: sin duda, otros tiempos.

El Gobierno de la canciller y su propia figura se han desprestigiado a una velocidad de vértigo, y si las elecciones fueran hoy tendría que abandonar la Cancillería, según muestra un sondeo realizado por la televisión pública alemana ZDF, con motivo del aniversario de la coalición. Los socialistas, que perdieron la friolera de 11 puntos porcentuales en los comicios de hace un año, obtendrían el 30% de los votos -frente al 23% que consiguió en las urnas- y el partido de Merkel descendería desde el 33,8% de los sufragios hasta el 31%.

Merkel no tiene tantos problemas con los votos que pierde, como con los que se deja por el camino su socio liberal, Guido Westerwelle, y el apoyo que recupera el PSD y sus posibles amigos en una coalición: véase Los Verdes.

Los liberales tendrían problemas incluso para entrar en el Parlamento, según el sondeo, quedándose con un 5% de los votos, a años luz del empuje que consiguió en las urnas. Y de ese desplome se están aprovechando los ecologistas, que obtendrían un inaudito 19% de apoyo (10% en las elecciones pasadas). La Izquierda de Oskar Lafontaine conseguiría un 9%. En definitiva, una alianza de la izquierda tendría margen de sobra para decapitar al Ejecutivo de Angela Merkel.

Hace un año, coincidiendo con el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín, el prestigio internacional y nacional de Merkel estaba en su máximo apogeo. Los fastos de ese aniversario la llevaron a comparecer en el Congreso de Estados Unidos, la primera vez que un dirigente alemán lo hacía en medio siglo, y recibió un caluroso aplauso.

Su posición frente a la crisis, congelando las inversiones internacionales germanas y cambiando continuamente de criterio frente al rescate de Grecia dentro del seno de la Unión Europea molestaron profundamente a los líderes internacionales, que pasaron de verla con el relumbrón de una nueva Margaret Thatcher, a dudar de su fiabilidad como socio diplomático. Hasta la tradicional coalición franco-germana quedó en entredicho.

Puede perder el gran bastión de los democristianos

Realmente el año ha sido complicado para la canciller. El duro plan de ajuste y de recortes sociales que ha llevado a cabo en este tiempo le ha granjeado una creciente antipatía entre sus ciudadanos. El líder socialdemócrata Frank-Walter Steinmer la supera ya en popularidad, según el barómetro de ZDF.

Bien es cierto que la decisión del socialista de abandonar la política durante un tiempo para donarle un riñón a su esposa ha conmovido a la opinión pública germana, pero parece que marca una tendencia. Hace cinco meses, los socialistas ya barrieron al CDU en las elecciones regionales de Renania del Norte-Westfalia, y ahora las encuestas dicen que podría arrebatarle su bastión en Baden-Württemberg, el tercer estado más rico y poblado del país, tradicionalmente conservador.

Y en esa herida profundiza la oposición siempre que puede. En un congreso extraordinario de los socialistas para evaluar el primer año de su gestión, sus líderes quisieron resaltar que antes estaba bien valorada “porque gobernaba conjunto con el PSD”. “Sólo fue una buena canciller mientras vigilábamos”, dijo ayer el presidente del partido, Sigmar Gabriel. “Ahora ha mostrado su verdadera cara”, señaló. Hace un año, esos mismos líderes tuvieron que justificar “su dura y amarga derrota”, como la definió Walter Steinmer, “imposible de embellecer”.

Ahora los socialistas ríen y los democristianos fruncen el ceño. Sin embargo, Angela Merkel cuenta con un as en la manga para mejorar su imagen: ha puesto a funcionar a pleno rendimiento la locomotora de Europa. La economía alemana ha vuelto a la senda del crecimiento registrando un crecimiento histórico del 2,2%, el mayor desde la reunificación, un auge amparado en la pujanza de sus exportaciones. Ese es el aval que quiere presentar a sus ciudadanos: que ella es una gran gestora. Por el momento, los alemanes miran para otro lado.

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