Europa/Cooperación

La olvidada OSCE busca difícilmente renacer de sus cenizas

Cartel anunciando la cumbre de la OSCEen Kazajstán
Cartel anunciando la cumbre de la OSCEen Kazajstán AFP/Vyacheslav Oseledko
Texto por: RFI
3 min

Este miércoles 1 de diciembre se ha inaugurado en Astaná, capital de Kazajstán, la cumbre de la Organización de Seguridad y cooperación en Europa (OSCE), que vuelve a reunirse después de una larga ausencia de once años. Los 56 países miembros de la organización se reunieron por última vez en 1999. Se trata ahora de reformar esta institución, pero no será fácil lograr un compromiso.

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La convocatoria de la cumbre aparece como un éxito personal del presidente kazajo Nursultán Nazarbyev. Kazajstán obtuvo en 2010 la presidencia rotativa de la OSCE. En la ceremonia de inauguración han participado el primer ministro francés François Fillon, el presidente ruso Dimitri Medvedev, el presidente georgiano Mijail Saakashvili, la canciller alemana Ángela Merkel y el Secretario de Estado norteamericano Hillary Clinton.

La inestabilidad en Kirguistán, Afganistán y la crisis en las repúblicas ex soviéticas, de Georgia a Moldavia o Azerbaiyán deben ser evocadas en esta reunión, aunque no se espera ningún avance concreto en esta institución hasta la fecha paralizada en sus decisiones, que se toman por consenso.

Una crisis de confianza atraviesa las instancias de la OSCE, organismo creado durante la guerra fría con la ambición de crear un espacio de seguridad y cooperación común entre el Atlántico, el Pacífico, el Ártico y el océano Índico.

El presidente ruso Dimitri Medvedev ha insistido en la necesidad de una reforma tras declarar: “Hay que decirlo abiertamente. La organización ha empezado a perder su potencial”. La jefa de la diplomacia norteamericana Hillary Clinton por su parte ha reclamado medidas concretas para defender la seguridad.

Si todos los participantes reconocen que la OSCE debe adaptarse a los nuevos desafíos del siglo XXI, como el terrorismo, la mafia, o el tráfico de drogas, divergencias profundas persisten entre Rusia y los países occidentales.

Rusia se opone por ejemplo a toda resolución de la OSCE que haga referencia a la integridad territorial de Georgia. Moscú había reconocido la independencia de las dos regiones separatistas de Georgia, tras la guerra de 2008. Por el momento no se ha logrado ni siquiera el esbozo de una declaración final y círculos diplomáticos en Astaná se declaran “moderadamente optimistas”.

No hay tampoco perspectiva de acuerdo en el conflicto separatista de la región de Transnistria en la ex república soviética de Moldavia, ni en el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán en Nagorny Karabakh. La situación política en Kazajstán es también manzana de discordia en la OSCE, pues la organización no ha reconocido todavía la legitimidad de las elecciones que llevaron al poder al actual presidente Nazarbyev.

 

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