Rumania

Los rumanos eligen al ‘alemán’ Klaus Iohannis con esperanzas en la democracia

En París, electores rumanos protestando porque no pudieron votar en la embajada en París, 16 de noviembre de 2014.
En París, electores rumanos protestando porque no pudieron votar en la embajada en París, 16 de noviembre de 2014. REUTERS/Gonzalo Fuentes

El presidente electo de Rumania, Klaus Iohannis, un discreto político de derecha que quiere luchar contra la corrupción, encarna los deseos de democracia de millones de rumanos. Es una elección no sólo inesperada sino histórica para ese país, el más pobre de la Unión Europea después de Bulgaria.

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El favorito de las elecciones de este domingo, el primer ministro saliente Víctor Ponta, reconoció su derrota, después del escrutinio del 75% de los votos. Su rival, Klaus Iohannis, había conseguido el 55% de los votos, lo que representa una ventaja de nuevo puntos. De confirmarse este margen, sería el resultado más neto en los últimos 20 años.

Veinticinco años después de la caída del dictador Nicolae Ceausescu, este resultado es “histórico” y representa una “victoria de la democracia, una victoria del pueblo contra el sistema dirigido por los partidos políticos que defienden sus propios intereses”, indicó a la AFP el politólogo Radu Alexandru.

Particularmente relevante es el hecho de que el ganador sea de origen alemán, minoría que cuenta con 60.000 miembros de un total de 20 millones de habitantes. Klaus Iohannis es, además, protestante en un país mayoritariamente cristiano-ortodoxo y, sobre todo, alérgico a las polémicas.

Este político discreto afirmó durante la campaña que prefería perder la elección pero que no iba a hablar mal de sus rivales. También tiene la reputación de no sentirse muy cómodo delante de las cámaras. Sus allegados lo describen como un hombre riguroso y determinado.

La principal arma de este hombre poco carismático, a pesar de su sonrisa irresistible al estilo de John Kennedy, ha sido la diáspora rumana. Cientos de miles de rumanos en el extranjero han votado por él, a pesar de las dificultades para hacerlo.

En París, por ejemplo, numerosos electores no pudieron acceder a las mesas de votación y se registraron disturbios. Algunos de ellos criticaban la gran cantidad de documentos que era necesario presentar para poder votar.

La victoria del candidato de derecha tiene como telón de fondo los temores de la población respecto al poder de la mayoría de Ponta sobre la justicia, muy activa en los últimos años contra la corrupción, una de las mayores lacras de Rumanía.

En los últimos meses, Ponta criticó en numerosas ocasiones a la fiscalía anticorrupción, justo cuando numerosos políticos socialdemócratas estaban siendo investigados o inculpados. Iohannis hizo campaña precisamente con la promesa de consolidar el Estado de derecho y defender la independencia de la justicia.

Veinticinco años después de la caída del dictador Nicolae Ceausescu, estas séptimas elecciones presidenciales son importantes en la historia poscomunista de Rumanía, sobre todo en momentos en que la democracia se resiente en países de Europa central como Hungría, y de tensiones entre Bruselas y Moscú por el conflicto en Ucrania.

Según los analistas, la clave de esta segunda vuelta fue la movilización. En la primera, la participación fue baja: sólo el 52,3% de los votantes acudió a las urnas. En esta segunda vuelta, la movilización fue especialmente fuerte en el extranjero, donde miles de rumanos abarrotaron hasta la noche los centros de votación abiertos en París, Londres o Turín, y criticaron al gobierno por no haber habilitado más.
 

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