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Enfoque Internacional

Bélgica se enfrenta a su pasado colonial en el Congo

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Una estatua del ex rey belga Leopoldo II pintada de rojo se ve en el parque del Museo de África, en Tervuren, cerca de Bruselas (Bélgica), el 9 de junio de 2020.
Una estatua del ex rey belga Leopoldo II pintada de rojo se ve en el parque del Museo de África, en Tervuren, cerca de Bruselas (Bélgica), el 9 de junio de 2020. © REUTERS - Yves Herman
Por: Esther Herrera (Bélgica)
6 min

Con las protestas en Estados Unidos tras la muerte de George Floyd, Bélgica empieza a despertar y a enfrentarse a su pasado colonial. Desde mediados del siglo XIX y hasta 1960, Bélgica tuvo en su poder Zaire, un país con un territorio 10 veces mayor que Bélgica y que ahora es la República Democrática del Congo. En el país hay estatuas que recuerdan al Rey Leopoldo II, máximo artífice de la colonización del Congo, pero que en las últimas semanas han sido vandalizadas. Varios activistas piden que se retiren.

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Fue durante 25 años, desde finales del siglo XIX hasta principios del XX, que el Rey Leopoldo II de Bélgica administró de forma privada el conocido como Congo belga, con el que aumentó su fortuna personal, con la extracción del marfil y el caucho, por el que, según los cálculos, murieron 10 millones de congoleños en situación de esclavitud.

Ahora, varias organizaciones del país creen que ya es momento de pedir cuentas al rey y eliminar el medio centenar de estatuas del monarca que hay por todo el país. La activista belgocongoleña, Mireille Tseusi-Robert, piensa que es momento de acabar con el pasado colonial, aunque cree que es sólo el principio.

“Para nosotros, Leopoldo II perpetró un genocidio en el Congo, matando a 10 millones de personas. Así que creemos que hay que retirar estas estatuas y colocarlas en un museo, con un programa pedagógico, con las explicaciones que sean necesarias; pero no debe tener espacio en la ciudad, porque desde el momento en que erigimos un monumento o una estatua, es que no tenemos nada que decir, que felicitamos las acciones de la persona que la representa”, dice Mireille Tseusi-Robert.

Se retiró ya una estatua en Amberes del Rey, porque tras las protestas ciudadanas se dañó gravemente, aunque en la ciudad ya han avanzado que tras su restauración, muy probablemente se colocará en el museo. También se ha retirado un busto en la ciudad de Mons, y la Universidad Católica de Lovaina, y hay otras ciudades que estudian qué hacer. Es el caso de Bruselas, la capital del país, se creará una comisión de trabajo para decidir el futuro de los monumentos.

El secretario de Estado de la Región de Bruselas, Pascal Smet, estima que “ahora es el momento para debatir nuestro pasado colonial y su lugar en el espacio público. En el debate hay dos opiniones: los que piensan que hay que retirar las estatuas, porque glorifican un pasado. Y si no hay nada que glorificar, por lo tanto, hay que retirarlas. Pero otros piensan que no, que hay dejar las estatuas porque hay que recordar el pasado, forma parte de la memoria, y siempre se pueden contextualizar. No obstante, al margen del resultado de este debate, se necesita en Bruselas un memorial de la descolonización, porque no tenemos en ningún lugar del espacio público algo que nos haga enfrentarnos a nuestro pasado colonial”.

Con todo, el pasado colonial de Bélgica y su mirada crítica entre la sociedad sigue siendo una asignatura pendiente. La figura del Rey Leopoldo II también, dio orgullo nacional al país y creó edificios y lugares que llevaron a Bruselas al esplendor de una metrópoli colonial. Pero ahora, en pleno siglo XXI, se considera que ya es momento de enfrentarse a un pasado tan difícil de mirar a los ojos.

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