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Enfoque Internacional

44 grados y sin agua: la trágica muerte de un temporero explotado en España

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Eleazar Benjamín Blandón trabajando como temporero en una foto que envió a su hermana
Eleazar Benjamín Blandón trabajando como temporero en una foto que envió a su hermana © Facebook
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Eleazar Blandón se marchó de Nicaragua en octubre pasado huyendo del régimen de Daniel Ortega, buscando un futuro mejor para su mujer y sus cinco hijos. Alentado por su hermana Anna, dejó atrás un pasado incómodo para encontrar en España un futuro trágico tras morir abandonado en un centro de salud como consecuencia de una insolación al trabajar a pleno sol como recolector. Ella contó a RFI como fueron los últimos días de su hermano.

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Eleazar Blandón murió el pasado sábado de un golpe de calor tras ser abandonado en un hospital de Murcia en España. En la plantación de sandías donde trabajaba se superaron ese día los 44 grados. El fallecimiento de Eleazar Blandón destapa las vergüenzas a las que habitualmente se ven sometidos los jornaleros que trabajan recolectando frutas y verduras en la huerta española, donde las temperaturas superan los 40 grados en esta época del año. Eleazar se desplomó en plena faena de recolección, pero su patrón no llamó al servicio de ambulancias, que es gratuito, y esperó a que sus compañeros concluyesen la jornada laboral para ser trasladado en la furgoneta que habitualmente utilizan los trabajadores de regreso a casa.

Blandón, de 42 años, llegó a Bilbao en octubre del año pasado dejando en Nicaragua a su esposa embarazada de cinco meses y a sus cuatro hijos. La familia está espantada ante la versión de los hechos que han ido recopilando gracias a los testimonios de personas cercanas a Blandón. Blandón no tenía papeles. Buscaba en España una vida mejor para su familia, pero emigró para salvar la suya y la de sus hijos. Se había involucrado en las manifestaciones contra el régimen de Daniel Ortega y comenzó a recibir amenazas.

Mientras los políticos españoles comienzan a remover sus conciencias merced al drama de la explotación laboral que significó la muerte de este jornalero en los campos de Murcia, el negocio de los temporeros continua. Como lo intentó Eleazar, otro día más, decenas de inmigrantes vuelven a reunirse en las plazas de los pueblos esperando a ser llamados para buscar una oportunidad a la que agarrase y así salir de la miseria.

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