Bélgica

Bélgica: la lucha de las mujeres mestizas congoleñas del período colonial ante los tribunales

Léa Tavares Mujinga, Monique Bitu Bingi, Noëlle Verbeeken, Simone Ngalula e Marie-José Loshi foram separadas de seus pais quando tinham entre 2 a 4 anos e colocadas à força na missão católica Katende, mantida por religiosas belgas, na província de Kasaï, no ex-Congo Belga.
Léa Tavares Mujinga, Monique Bitu Bingi, Noëlle Verbeeken, Simone Ngalula e Marie-José Loshi foram separadas de seus pais quando tinham entre 2 a 4 anos e colocadas à força na missão católica Katende, mantida por religiosas belgas, na província de Kasaï, no ex-Congo Belga. AP - Francisco Seco

Nacidas de madre negra y padre blanco en el Congo belga, fueron consideradas como "niñas del pecado, separadas de su familia, encerradas en un convento y abandonadas. Ahora reclaman justicia al estado belga.

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Con Esther Herrera, corresponsal de RFI en Bruselas

Bélgica se enfrente a crímenes contra la humanidad por el secuestro y abandono de cinco niñas durante la época en que el Congo fue colonia del país europeo.

Son cinco mujeres: Léa Tavares Mujinga, Noëlle Verbeeken, Simone Ngalula, Marie-José Loshi et Monique Bitu Bingi, que han llevado a Bélgica a los tribunales y cuya primera sesión se produce hoy.

Estas septuagenarias son mestizas, de madres negras y padres blancos. El Estado belga, junto a la Iglesia Católica, decidió custodiar a todos los niños mestizos en conventos, arrancándoles de sus madres, porque los consideraban “hijos del pecado”. Con la independencia del Congo en 1960, algunos niños fueron llevados a Bélgica; pero estas cinco mujeres fueron abandonadas a su suerte.

Las chicas mestizas del convento de Katende, Monique Bitu Bingi en la primera fila a la izquierda, Simone Ngalula a su lado, y en la segunda fila de izquierda a derecha, Noëlle Verbeeken con zapatos, Marie-José Loshi y Léa Tavares Mujinga.
Las chicas mestizas del convento de Katende, Monique Bitu Bingi en la primera fila a la izquierda, Simone Ngalula a su lado, y en la segunda fila de izquierda a derecha, Noëlle Verbeeken con zapatos, Marie-José Loshi y Léa Tavares Mujinga. Archives personnelles de Monique Bitu Bingi pour RFI

Las monjas que las custodiaban se marcharon del convento, pero los soldados y policías de la guerrilla presentes en el país maltrataron a las niñas, que fueron objeto de múltiples vejaciones.

Ahora, estas cinco mujeres piden que se reconozca a Bélgica por sus crímenes y pague una compensación de 50.000 euros a cada una por daños morales. Hace año y medio, el entonces primer ministro del país, Charles Michel, pidió perdón por los daños a los niños mestizos, pero todos coinciden que no es suficiente.

“Lloré toda la tarde”

“Tenía cuatro años", recuerda Monique Bitu Bingi, de 71 años, en Bruselas. “Es como si fuera ayer. Mi madre, mis tías, mi tío y mi abuelo tuvieron que llevarme a la misión católica. Lo recuerdo todo. Caminamos durante tres días, luego el camión de un agente territorial nos llevó a Katende (en la provincia de Kasai). Cuando llegamos allí, me encontré entre la multitud de una gran boda, y ya no podía ver a mis padres. Lloré toda la tarde. Una de las niñas del convento, que tenía ocho años, me llevó a la cama. Al día siguiente, estaba con las otras chicas. Los mayores, entre 8 y 11 años, se ocupaban de los más jóvenes. No teníamos zapatos y la puerta de nuestro dormitorio daba a una morgue”, añade.

Lea Tavares Mujinga, de 74 años, también comparte su historia. "Mi padre era portugués. Un día partió de vacaciones a su país. El viaje entonces era largo. Cuando retornó, ya no me encontró porque el estado belga me había secuestrado. Tenía dos años", relata.

La niña fue internada "en el convento de Katende al igual que a otros muchos niños como yo”. “Mi madre era congoleña, pero le quitaron a los dos niños", rememora.

En una sobria casa en la periferia de Bruselas, donde vive su hija, esta mujer recuerda cómo las monjas le quitaron la ropa que llevaba para ponerle "una pequeña bata".

En las mañanas no había ni leche ni pan, sino arroz con aceite de palma, que "no lograba comer". Para dormir tampoco había un colchón sino una manta en el piso.

Los niños no sufrían abusos de parte de las religiosas e incluso iban a la escuela. Pero "en retrospectiva, habiéndonos convertido en madres y abuelas, nos decimos a nosotras mismas que eso no era normal. ¿Cómo nos las arreglamos para afrontarlo?"

¿Está la caja de Pandora a punto de abrirse a partir de este juicio? “Entre 16.000 y 20.000 mestizos permanecieron en las antiguas colonias belgas después de la independencia", recuerda François d'Adesky, cofundador de la Asociación de Mestizos de Bélgica, de la que los cinco demandantes no son miembros.

 

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