Nuevas tecnologías

Vivir con la pandemia: apropiarse la inteligencia artificial para no dejarse devorar

La inteligencia artificial es una herramienta valiosa para tratar y utilizar un gran volumen de datos pero no debe condicionar nuestras existencias, según el filósofo Gaspard Koenig.
La inteligencia artificial es una herramienta valiosa para tratar y utilizar un gran volumen de datos pero no debe condicionar nuestras existencias, según el filósofo Gaspard Koenig. REUTERS/Yves Herman

La pandemia impulsa el uso de la robótica y de la inteligencia artificial para analizar cantidades impresionantes de datos y ayudar a gobiernos y autoridades sanitarias a gestionar la crisis. Pero alimentar esas máquinas súper potentes con informaciones personales tiene consecuencias.

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La inteligencia artificial no es novedad ni ciencia ficción. Su génesis remonta a la máquina de Turing, del nombre del matemático Alan Turing. Un sistema de cálculo revolucionario, ancestro de las computadoras y sobre todo al test o prueba de Turing. Se trata de una publicación de 1950, la primera dedicada a estas máquinas.

Setenta años después, Blue Dot alerta sobre la expansión del Coronavirus y predice enfermedades infecciosas. Este programa canadiense analiza más de 100.000 informes al día en varios idiomas, su síntesis es distribuida para informar gobiernos y autoridades sanitarias. 

"La inteligencia humana no puede ser copiada"

“Los investigadores en inteligencia artificial nunca pretendieron, y esto es evidente desde la creación de la prueba de Turing, reproducir el funcionamiento de la  inteligencia humana. Reproducen el resultado, lo que es muy distinto. La inteligencia conceptual y biológica de los humanos no puede ser copiada", explica el filósofo Gaspard Koenig.

Escribió 'El fin del individuo, viaje de un filósofo al país de la inteligencia artificial'. La crónica de sus reflexiones en torno a la libertad puesta a prueba por esta tecnología, fruto de sus viajes que lo llevan desde China hasta la Sylicon Valley pasando por Israel. 

La vigilancia urbana es uno de los ámbitos en los que la inteligencia artificial crea más polémicas.
La vigilancia urbana es uno de los ámbitos en los que la inteligencia artificial crea más polémicas. © AP/Alexander Zemlianichenko

El humano alimenta a la máquina

"Ni siquiera deberíamos decir que es una inteligencia, es más bien una potencia de correlación que nos permite simplificarnos la vida con ciertos razonamientos. Es por eso que cuando leemos ‘una IA le ganó a los diez mejores doctores chinos identificando tumores en escáneres' no es verdad. Esta inteligencia artificial fue alimentada por miles y miles de escáneres avalados por doctores. Decimos en realidad que 10.000 doctores fueron mejores que diez. Lo que es totalmente normal. No son máquinas que razonan. Nosotros producimos una materia que es tratada y sintetizada por sistemas informáticos sumamente potentes", agrega. 

Para que una IA aprenda qué es un gato, uno o varios humanos tienen que mostrarle miles o millones de imágenes de esos felinos para que pueda reconocerlos. Un niño pequeño lo aprende viendo tres o cuatro ejemplos y lo reconoce toda su vida. 

Con este ejemplo, el filósofo subraya que la IA no es misteriosa. Sin embargo puede causar temor porque podría destruir empleos o salirse el control humano, según las creencias. 

Uso desenfrenado de nuestros datos personales

Lo que sí alarma a Gaspard Koenig es el uso industrial de nuestros datos personales y no se refiera a súper calculadoras ni del contexto único de la pandemia.

Basta con las preferencias de nuestros teléfonos celulares: “Inconscientemente le proporcionamos a los sistemas de inteligencia artificial todas las informaciones sobre nosotros mismos. Así nos proponen opciones o recomendaciones que corresponden más o menos a nuestras expectativas y nos colocan en surcos muy cómodos. Les delegamos por ende nuestro poder de decisión".

"No tendremos que decidir si vamos a la derecha o a la izquierda"

Gaspard Koenig lamenta que nuestra vida se parezca cada vez más a Google maps porque "ya no tendremos que decidir si vamos a la derecha o a la izquierda".

"Esto incumbe a todos los aspectos de nuestra existencia como la profesión o la vida amorosa. Estos sistemas de inteligencia artificial acumulan tantos datos que nos conocen mejor que nosotros mismos. Descubren las preferencias implícitas detrás de lo que escogemos explícitamente y nos orientan de la manera en que les parece de utilidad para todo el grupo", precisa. 

Esto ya es una realidad en Japón, por ejemplo: “Se graba el comportamiento de los niños en sus salones de clase y gracias a sistemas de inteligencia artificial se distribuye a esos niños en distintas clases que parece convenirles mejor”.

Responsabilidad jurídica y penal

Estas máquinas "inteligentes" suponen el fin del individuo como ser autónomo y responsable personal, penal y jurídicamente: “Esto plantea cuestiones muy fuertes que ha destacado el historiador israelí Yuval Harari: si el individuo es poco a poco despojado de su libre albedrío, esto amenaza el paradigma social en el que vivimos o lo desestructura".

Koenig recuerda que el derecho robótico se desarrolla a una velocidad impresionante "porque cada vez más tomarán decisiones en nuestro lugar".

Esto también tiene repercusiones en el funcionamiento de la democracia. "¿Qué quiere decir tener derecho a votar si la IA distribuye de manera más eficiente las preferencias colectivas?”, se pregunta.

Leyendo su ensayo, queda claro que China es un laboratorio a cielo abierto de la implementación de  inteligencia artificial, fortalecida y amplificada durante la pandemia con un despliegue impresionante de herramientas para contener el virus. Son de hecho aplicaciones actualizadas de métodos que ya se usaban para la vigilancia o el consumo.

 DeepMind es un programa de inteligencia artificial de Google.
DeepMind es un programa de inteligencia artificial de Google. REUTERS/Google/Yonhap

Usted es el producto

El filósofo no se opone al desarrollo de estas tecnologías que considera como un progreso. Defiende, sin embargo, que las utilicemos teniendo el control. Esto implica que se reconozca el derecho de propiedad de datos personales y que los vendamos si queremos y a quién querramos. Acuérdese que si la app que acaba de instalar en su teléfono es gratuita, usted es el producto.

El ensayista estima que "se debe hacer una labor de lobbying político" para que los dirigentes se tomen en serio el alcance de la inteligencia artificial

Un conflicto entre Oriente y Occidente

"¿Quién puede establecer el derecho de propiedad de los datos personales? Tienen que ser conjuntos de Estados porque son asuntos transnacionales", afirma agregando que se dibuja un conflicto entre "lo que se entiende como el mundo occidental, Europa, Estados Unidos, Latinoamérica y la esfera asiática que no tiene la misma noción del individuo y que promueve un uso desenfrenado y sin tabú de la inteligencia artificial".

Para Gaspard Koenig "es muy importante definir un modelo pasando por los aspectos patrimoniales y no copiar con los ojos cerrados la lógica asiática de cámaras y de vigilancia omnipresentes justificada por el hecho de que el individuo está al servicio del grupo”.

El autor propone también darle una oportunidad al error y a lo errático. Después de todo, no hay nada más humano que eso. 

Gaspard Koenig escribe "El fin del individuo, viaje de un filósofo en el país de la inteligencia artificial".
Gaspard Koenig escribe "El fin del individuo, viaje de un filósofo en el país de la inteligencia artificial". © Editions l'Observatoire

Gaspard Koenig, 'El fin del individuo, viaje de un filósofo en el país de la inteligencia artificial', editorial L'Observatoire (no traducido al español).

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