Economía

Por qué Rusia tiene apuro en explotar el oro negro del Ártico

Archivo. El ministro ruso Serguéi Lavrov, durante una rueda de prensa que dio el 5 de mayo de 2021 en Moscú
Archivo. El ministro ruso Serguéi Lavrov, durante una rueda de prensa que dio el 5 de mayo de 2021 en Moscú Alexander Zemlianichenko Pool/AFP/Archivos

El Secretario de Estado estadounidense Antony Blinken y su homólogo ruso Sergei Lavrov se reúnen este miércoles en Reikiavik (Islandia) con motivo del Consejo Ártico. Es un primer encuentro en un contexto de gran tensión. Con el calentamiento climático, el Polo Norte agudiza cada vez más la competencia entre los países ribereños. Por razones militares, pero también por razones económicas. Rusia tiene grandes ambiciones para este territorio.

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Por Dominique Baillard

Los ingresos del petróleo y el gas, destinados sobre todo a Europa, son una valiosa fuente de divisas e impuestos para Rusia; los hidrocarburos cubren un tercio del presupuesto del Estado y representan la mitad de las exportaciones del país. Es gracias a los hidrocarburos que la Rusia de Vladimir Putin se mantiene a flote a pesar de las sanciones occidentales. Y es mediante la explotación de los yacimientos que se encuentran bajo la capa de hielo del Ártico como el jefe del Kremlin pretende mantener su posición de gran potencia energética. Porque con el calentamiento ultrarrápido de esta región, sondear las profundidades del permafrost para extraer gas y petróleo se ha vuelto posible y rentable. La región podría contener el 16% de las reservas mundiales de petróleo y, según estimaciones del Servicio Geológico de Estados Unidos, el 30% de las de gas. El rápido deshielo de la corteza glaciar también está abriendo una nueva vía marítima. Se trata de un avance bienvenido por quienes pretenden explotarla, ya que reduce considerablemente el tiempo y, por tanto, el coste del transporte.

Europa ya se abastece de gas natural licuado ruso procedente de la península de Yamal

Se trata de una región situada más allá del Círculo Polar Ártico. La segunda empresa energética rusa, el grupo Novatek, se ha asociado con la francesa Total y el fondo chino "Silk Roads" para extraer gas del suelo que está congelado en la superficie durante más de la mitad del año. La producción actual representa el 5% del mercado mundial de Gas Natural Licuado (GNL). Con el proyecto de exploración que comenzó este invierno aún más al norte, en el Mar de Kara, Moscú está pensando en algo mucho más grande. Rusia espera convertirse en un actor importante del GNL en 15 años, capaz de superar en producción a los dos campeones actuales, Australia y Qatar. El principal contratista de estos nuevos proyectos, la petrolera rusa Rosneft, está vendiendo parte de sus yacimientos en el sur de Rusia para financiar este megaproyecto de 130.000 millones de dólares. El Estado ofrece exenciones fiscales para atraer a los inversores rusos y extranjeros.

Estos proyectos, posibles gracias al calentamiento global, también contribuirán a agravarlo

Esta es la paradoja de esta aventura polar. En un momento en el que la Agencia Internacional de la Energía pide a las empresas que dejen de explorar en busca de hidrocarburos para tener una oportunidad de frenar el calentamiento global, y en un momento en el que las grandes empresas occidentales están haciendo el gran cambio hacia las energías renovables, los rusos aceleran su carrera en busca de oro negro hacia el Ártico. A Moscú no le preocupan las consideraciones ecológicas y ni siquiera teme quedarse sin clientes debido a la electrificación masiva de la economía. Su cálculo: en un momento en que los competidores se están pasando a la energía verde, seguirá habiendo una gran necesidad de energía convencional en los países asiáticos y africanos, que serán más lentos en descarbonizar sus economías. Esto garantizará que Rusia tenga a quién venderle, y por tanto ingresos, durante los próximos 15 años.

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