Francia

¿L’Oréal maquilla sus cuentas con ayuda del Estado?

Lilane Bettencourt.
Lilane Bettencourt. AFP/Joel Saget

El presidente francés Nicolas Sarkozy reitera desde Toronto su total confianza al ministro de Trabajo Eric Woerth, salpicado en un escándalo de fraude fiscal de la mayor fortuna privada del país. El ministro de Presupuesto asegura que investigará a la multimillonaria heredera de L’Oréal, envuelta en una polémica que mezcla rencillas familiares y conflictos de intereses en la cima del Estado.

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El escándalo tiene todos lo condimentos para hacerles olvidar a los franceses la humillante eliminación del Mundial: la heredera de la mayor fortuna del país, su joven amante, un mayordomo indiscreto y un ministro salpicado por un conflicto de intereses que hace tambalear al Gobierno. 

La heredera es la dueña de L’Oréal, Lilianne Bettencourt, que pese a sus de 87 años y una sordera que la ha acompañado toda su vida “es todo menos una anciana senil”, según Patrice de Maistre. Y algo debe saber este hombre, gestor desde 2003 de la principal fortuna de Francia al frente de la empresa Clymène. Su nombre aparece en unas escuchas telefónicas realizadas a Bettencourt por su mayordomo de las que se desprende que la señora podría haberse olvidado de declarar al fisco dos cuentas suizas con 78 millones de euros y, detalle, una isla en las Seychelles, aunque ella asegura que sólo alquila ese territorio. Un olvido comprensible cuando la fortuna total declarada asciende a 17.000 millones de euros.

El caso sería un simple problema de fraude fiscal si en las escuchas divulgadas por la prensa la señora Bettencourt no hablara de cheques firmados a nombre del presidente Nicolas Sarkozy, la ministra de Educación superior Valérie Pécresse y su ministro de Trabajo, Eric Woerth.

Este último se encuentra doblemente salpicado en lo que a esta altura es calificado de escándalo de Estado. Eric Woerth, quien pilotea actualmente la explosiva reforma del sistema de jubilaciones, es además el esposo de Florence Woerth. La mujer del ministro es consejera en Clymène, la empresa de Patrice de Maistre, quien la contrató para sumarse a la gestión de los intereses de Bettencourt. Patrice de Maistre no es sólo un hombre afortunado -se compró un barco en 2004 (niega que sea un obsequio de Bettencourt)-, es alguien de honor. Recibió en 2008 la Legión de Honor, máxima distinción entregada por el Estado francés, de manos del entonces ministro del Presupuesto, un tal Eric Woerth, el marido de su empleada.

¿El ministro del Presupuesto, encargado de luchar contra el fraude fiscal, hizo la vista gorda con las finanzas de la jefa de su esposa? Es lo que se pregunta en voz alta la oposición, que denuncia un conflicto de intereses, lo que obligó al presidente Nicolas Sarkozy a salir en defensa de su ministro. Desde Toronto, donde se celebra la cumbre del G20, el mandatario galo aseguró el sábado que mantenía “completamente la confianza” en Woerth.

Poco después, el actual ministro de Presupuesto François Baroin anunció este domingo que investigará “la totalidad de los activos” de Bettencourt. “Iremos hasta el final, iremos por todo el mundo para saber qué hay, dónde y después la administración se pronunciará”.

Mientras tanto, la heredera es atacada por otro frente, abierto hace tiempo por su propia heredera, Françoise Bettencourt-Meyers. Su hija única (posee 30% de L’Oréal) pide un tutor para su madre, acusándola de dilapidar su fortuna, luego de que ésta donara a un fotógrafo mundano, François-Marie Banier, casi 1.000 millones de euros.

Madre e hija, que sólo se ven en reuniones de directorio, están enfrentadas por un juicio en el que Françoise acusa al fotógrafo de abusar de la fragilidad de la anciana. La sentencia debería caer a principios de julio. Según las escuchas telefónicas reveladas por el sitio web Mediapart, la presidencia sigue de cerca el expediente.

 

 

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