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Francia

Un inédito sprint a cuatro por el Elíseo

Propaganda electoral
Propaganda electoral Philippe Laurenson/REUTERS
Texto por: Carlos Herranz
5 min

Francia encara el final de la carrera al Elíseo con un empate a cuatro situados entorno al 20% de intención de voto. El auge del radical de izquierdas Mélenchon y la resistencia de Fillon contrasta con la casi parálisis de la ultra Le Pen y el liberal Macron en el tramo final de la campaña.    

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Ni el analista más osado aseguraría, a seis días de la primera vuelta electoral,qué dos candidatos pasarán al balotaje de las presidenciales en Francia. Todas las combinaciones son posibles, incluso las que eran inimaginables hace tan sólo un par de semanas. Un duelo de extremos entre la ultraderechista Marine Le Pen y el izquierdista Jean-Luc Mélenchon cobra posibilidades y tampoco ya es descartable, por mucho que el aún presidente Hollande lleve días haciendo sonar las alarmas en entrevistas en varios medios de comunicación. Bruselas y los mercados temen este balotaje de pesadilla al que se ha llegado por varias causas, entre ellas, el desgaste de los partidos tradicionales, el descontento popular, la buena dinámica de la campaña de Mélenchon, las cenizas que quedan del PS o la consolidación del Frente Nacional en algunos feudos tradicionalmente obreros. 

Los dos candidatos de los extremos disputan al liberal progresista Macron y al conservador imputado Fillon la presidencia. Los cuatro rondan el 20% de intención de voto y aunque hasta ahora Le Pen (Frente Ncional) y Macron (con su movimiento político En Marche!) lideraban los sondeos, el margen de error hace posible que incluso Fillon pueda acceder a la primera posición el próximo domingo. Todo es posible. Una situación inédita en la V República francesa ya que durante medio siglo, los dos partidos dominantes, uno socialista y el otro conservador, concentraron el 80% del voto. 

 

Anomalías y buenas dinámicas

Este escenario viene derivado de otras tantas anomalías que han hecho de esta campaña algo único en Francia. La primera ha sido la de un presidente con índices de impopularidad récord que decidió no presentarse a la reelección. Fue el caso de Hollande. A esto hay que añadirle que su relevo natural hubiese sido el candidato del otro gran partido, el conservador Fillon, a quien se daba por vencedor hasta que le estallara el caso del presunto empleos ficticios de su mujer e hijos por el cual está imputado. En plena precampaña, Fillon libró un pulso a cara de perro en el seno de su propia formación política, Los Republicanos, para que no le apartaran de la candidatura que había conquistado tras un proceso de primarias internas el otoño pasado. Pese a que varios barones del partido consideran vergonzoso el hecho de presentar un candidato imputado con un programa de recortes y ajustes, el escaso tiempo para orquestar un «Plan B» y el apoyo sin fisuras del electorado católico, han permitido a Fillon resistir. Y ahora ese electorado y grupos católicos quieren catapultarlo hasta el Elíseo. Tampoco es descartable. El propio Fillon anunció a modo de lema de campaña sus intenciones hace unos días en un mitin: "no quiero que me améis, sino que me apoyéis". Pragmatismo del penitente en plena Semana Santa.

Y mientras Fillon resiste y Le Pen y Macron parecen haber entrado en parálisis en este tramo final de campaña, el izquierdista Mélenchon  haencontrado la dinámica exacta para conquistar el poder. Ha ganado la batalla del voto útil a los socialistas de Benoît Hamon, que no son todos sino los que quedan en un barco a la deriva. El resto ya se pudo "en marche" a otras opciones considerando muy escorado y poco federador el proyecto del ganador de las primarias. Mélenchon, veterano orador que cuenta con la chispa de manejar la ironía y el populismo, ganó los debates televisivos y conquistó a un buen sector de los jóvenes franceses, hartos de una política de partidos tradicionales que no les ofrece expectativas, y sobre todo, desconfiados de que Macron (el único emergente en todo este rompecabezas) nos ea más de lo mismo. 

 

Macron, ¿Hollande 2.0?

Macron ha convertido en defecto la que fue su virtud. Subió como la espuma porque su emblema "ni de izquierdas ni de derechas" le permitió dirigirse a un espectro mucho más amplio de votantes y las primarias de los dos grandes partidos, que dejaron atrás a candidatos favoritos más centristas como Juppé o Valls, le dejaron desértico el centro del tablero para que él campara a sus anchas. Y lo hizo vendiendo novedad pero descuidando la indefinición. Algunos titubeos durante la campaña y las acusaciones permanentes de sus rivales de ser la rencarnación de Hollande revestido de márketing le han valido estancarse en los sondeos. 

Y por si todo esto fuera poco, un invitado más en este sprint a cuatro: la abstención. Porque en esta ocasión, emoción y participación puede que no vayan de la mano. Muchos, a menos de una semana de la primera vuelta, aún no saben a quién votar, otros dudan entre dos, y otros, no piensan ir a la urna. Los sondeos estiman una abstención del 32% en unos comicios donde la participación ha superado el 80% desde 1974, la única excepción fue 2002. Entonces, Jean-Marie Le Pen pasó a la segunda vuelta.  Este domingo sabremos que dos candidatos pasan a la segunda y definitiva vuelta del 7 de mayo. Ahora la sorpresa no sería la clasificación de Marine Le Pen, que muchos llevan tiempo descontando, sino más bien que no lo hiciera.

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