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Francia hoy

El futuro del campo francés sin glifosato, en busca de alternativas

Audio 14:38
El Roundup de Monsanto hecho a base de glifosato es uno de los productos más usados contra la maleza en los cultivos.
El Roundup de Monsanto hecho a base de glifosato es uno de los productos más usados contra la maleza en los cultivos. AFP/File
Por: Aída Palau
21 min

Los agricultores franceses se muestran preocupados ante la inminente prohibición del glifosato, un potente y eficaz herbicida utilizado desde los años 80 para matar la maleza y cuyo uso el gobierno francés ya ha empezado a restringir con el objetivo de prohibirlo totalmente a partir del 2021. De momento, el gobierno francés aún no ha establecido bien las reglas de su prohibición y si va a haber moratorias en algunas zonas y sectores. Los agricultores están dispuestos a dejar de usarlo pero quieren alternativas.

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En Francia se consumen al año 8.800 toneladas de glifosato. Es la sustancia activa más usada en el mundo para producir herbicidas. La introdujo Monsanto en el mercado en 1974 y en Europa empezó a generalizarse en los años 80. Una de las marcas más conocidas es el Roundup. Sirve en la agricultura y en la jardinería para matar la maleza, las malas hierbas. El producto penetra por las hojas y se esparce hasta las raíces. Es muy eficaz y mata a todas las plantas sin distinción, salvo a aquellas genéticamente modificadas para resistir. Los agricultores pulverizan el glifosato en el campo antes de que sus cultivos broten en primavera, así la maleza no les roba sol, agua ni nutrientes del suelo.

Antes de sembrar, limpiamos la parcela con una dosis de glifosato muy reducida. Lo hacemos en agosto o septiembre. Hoy en día los agricultores tenemos un equipo de protección y en los análisis que se hacen no se encuentra glifosato en el alimento porque pulverizamos antes de sembrar. En algunos países se aplica el glifosato antes de la cosecha, pero esto en Francia no existe en absoluto”, explica Entienne Henriot desde el Salón de la Agricultura de París.

Henriot es agricultor de la provincia de Yonne, a 200 kilómetros al sur de París. Tiene junto a su socio 270 hectáreas de cereales y también es presidente del CRC, Cultivo Razonable Controlado, un organismo que tiene como credo cuidar la biodiversidad de la tierra. Usa glifosato en unas 60 hectáreas, a razón de 0,2 litros por año y por hectárea. Para él, como para muchos agricultores, si bien está de acuerdo para dejar de usar el glifosato, de momento no hay alternativas si no es la de volver a arar la tierra.

La única técnica a nuestra disposición es volver a trabajar el suelo. Pero el objetivo que hay en el campo francés es que el suelo, la tierra, esté siempre cubierta. Así que cuando acabamos de sembrar, lo que hacemos es plantar con el objetivo de aportar materia orgánica para el cultivo siguiente y también para que esas plantas consuman el nitrato que hay en exceso y evitar que vaya a la capa subterránea de agua”, explica Henriot  

Ante la duda, prohibición por precaución

El uso del glifosato es muy controvertido porque en 2015 la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, de la Organización Mundial de la Salud, concluyó ya en 2015 que la sustancia posiblemente sea cancerígena. Ante las dudas que genera su uso, en el 2017 la Unión Europea extendió la licencia de glifosato solo por cinco años más, hasta el 2022. Pero Francia ya comienza a restringir su uso en el campo en 2021.

En diciembre pasado, se prohibieron 36 nuevos productos hechos a base de glifosato. "Consideramos que en los dosieres que nos suministraron los industriales no había los elementos necesarios para excluir un riesgo de ‘genotoxicidad’, es decir daño al material genético. Eso no quiere decir que haya riesgo, pero no podíamos hacer la evaluación para descartarla. Por eso decidimos prohibir y retirar esos 36 productos”, explica Caroline Semaille, directora delegada de productor reglamentados de Anses, el organismo que se encarga de evaluar los riesgos y dar autorizaciones a las empresas fitosanitarias.

A la fase de evaluar y prohibir, ya se está trabajando en la de encontrar alternativas. “Hay que preguntarse si volver a la mecanización es viable. ¿Es una alternativa realista volver a la técnica de deshierbar de forma mecánica que necesita máquinas, mano de obra y que se tendrá que hacer varias veces al año? ¿Cuánto costará? ¿Qué inconvenientes hay humana y económicamente hablando?”, se pregunta Semaille.  

Arar la tierra, plantas de servicio, modificación genética o robots

El INRAE es el mayor organismo mundial que estudia la relación entre la agricultura, el medio ambiente y la alimentación. El investigador Christian Huygues, presidente del Comité agrícola, pilota los estudios sobre las alternativas.

"Se puede reducir la presión de los ‘bioagresores’, entre ellos las malas hierbas. El glifosato se usa para eso. O sea que la mejor opción es no tener esa flora. Trabajar para reducir la especialización de la flora. También se puede pasar de monocultivos a cultivos diversificados, asociados, lo que llamamos plantas de servicio. También se puede trabajar en la modificación genética y la opción de los robots”, nos cuenta Huygues.

Pero de momento, las alternativas no convencen. "¿Nos van a dar azadas? Detrás necesitamos mano de obra. Hay que ser realistas y pragmáticos. Sí, hay que reducir los pesticidas, sí hay que reducir el glifosato. Pero demos tiempo a la ciencia para encontrar alternativas”, se queja Jaques Rouchaussé,  horticultor de la Marne, cerca de París y también presidente del Centro Técnico interprofesional de Frutas y Verduras. Rouchaussé que cultiva ensaladas, puerros, fresas, calabacín, perejil, entre otras verduras, se preocupa por el coste añadido y la baja de competitividad de las verduras francesas si se pasa por la robotización.

'Si se trabaja la tierra, se liberará más CO2'

Al aumento de los costes de producción se añade también la preocupación por la liberación de más CO2 a la atmósfera si se vuelve a labrar la tierra. “Tendremos que pasar con las máquinas varias veces al año. Además el CO2 que hemos conseguido captar en la tierra, ya no se lo captará de la misma manera porque el campo estará pelado todo el año sin hierbas. Hay ventajas, pero sin embargo hay más inconvenientes", asegura Etienne Henriot.

Solo el 5% de los agricultores europeos tienen menos de 35 años. Sin duda, el campo atrae muy poco por los altos costes y el poco rendimiento en según qué cultivos. Lucas Mialane tiene 30 años y es agricultor y ganadero desde hace tres. Forma parte del sindicato Jeunes Agriculteurs de Franica. En 2017 se planteó usar glifosato, pero ante la perspectiva de que éste iba a ser prohibido, prefirió no hacerlo.

"Labrar tiene un impacto en la fauna del suelo, peor que los productos químicos para deshierbar. Mi abuelo utilizaba el glifosato pero ahora el pulverizador está en el almacén acumulando polvo. Lo que hago es labrar la tierra, aunque siempre hay malas hierbas que vuelven a salir”, cuenta el joven agricultor que retomó la granja de su abuelo de 88 años y ya jubilado.

Los agricultores franceses piden más tiempo para adaptarse a un cultivo sin glifosato y que la ciencia dé con una molécula inocua para poder hacer la sustitución porque de momento las alternativas actuales plantean muchas dudas.

Un reportaje de Aída Palau en el Salón de la Agricultura de París y de Pierre Zanutto en la realización técnica.

 

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