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Confinamiento

[Episodio 15] Sobrevivir al confinamiento: la escuela virtual no es la escuela pero se parece

Para muchos niños el lazo con la escuela se ha mantenido únicamente gracias a un teléfono celular.
Para muchos niños el lazo con la escuela se ha mantenido únicamente gracias a un teléfono celular. REUTERS/Hemanshi Kamani
Texto por: Florencia Valdés
8 min

Con millones de niños en el mundo que no están asistiendo a la escuela, las clases virtuales para los que tienen la oportunidad de darlas y recibirlas han cambiado los métodos pedagógicos, quizás de manera duradera, poniendo en evidencia lo mejor y lo peor de la realidad escolar.

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El fin progresivo del confinamiento en Francia es sinónimo de regreso a clases para algunos. Pero, miles de niños se quedarán en casa, con la escuela virtual y la dichosa continuidad pedagógica con los maestros en un cuadrito y el sonido defectuoso.

"Todos los días mando videos, tareas, actividades. Es muy importante que mantengan el lazo con el cole". Así resume la labor de estas últimas semanas una maestra de niños de 5 años que ejerce a las afueras de París.

Como ella, muchos se han sacado de la manga mil inventos para dar clases en condiciones inéditas. Carolina Nuñez Andrade es profesora de español en las afueras de París, enseña a adolescentes de 12 a 14 años. Además es un año muy particular para ella porque es el de las prácticas y el comienzo oficial en la vida profesional.

"El confinamiento lo ha cambiado todo"

"El confinamiento lo ha cambiado todo, también ha cambiado el trato con los alumnos", cuenta. Por lo tanto, ha tratado de adaptar sus clases a estos parámetros "a todo tipo de formato haciendo soportes más visuales".

Tiene una plataforma, Pronote, para conectarse con los alumnos y sus padres. Pero todas las herramientas son válidas: "He construido un blog para incentivar a mis alumnos y publicar sus producciones en vez de pegarlas en la pared del salón".

Adaptarse a la nueva manera de aprender 

"Estamos trabajando sobre el acoso escolar, creamos un artículo participativo gracias a una aplicación educativa", agrega.

Con satisfacción, la profesora ha comprobado que los alumnos se han involucrado más y han trabajado más. Además, los que hablaban poco por timidez han estado más presentes en el espacio virtual. "Los alumnos del nuevo milenio son muy visuales", subraya. 

La profunda desigualdad educativa

Sin embargo, no todos los alumnos han podido beneficiarse de estas técnicas. Lo que ha marcado este confinamiento educativo en todas las latitudes es la profunda desigualdad tecnológica, reflejo de la desigualdad social. 

"Hay alumnos que tienen ayuda en casa, material informático, libros, sus trabajos son de mucha mejor calidad. Otros no tienen todas estas facilidades y se nota en su concentración. Un temor de este periodo ha sido la desociabilización", lamenta Nuñez. 

Al evaluar estas últimas semana, Frédérique Durand también destaca esta desigualdad. Existe una brecha gigantesca entre las familias que pueden aprovechar las nuevas tecnologías y las demás.

Enseña en el sur de Francia a niños de 9 y 10 años. Con el confinamiento ha aprendido nuevas prácticas que quiere traerse a su salón de clases ; como la utilización de Padlet, una pizarra interactiva y colaborativa. 

"Al principio, para dar mis clases, escaneé los documentos que uso habitualmente. Era un poco austero. Rápidamente agregué videos, ejercicios en linea mucho más divertidos. También aprendí a crear sondeos en internet para comunicarme más fácilmente con los padres", comenta.

Desafíos y origami

La creatividad de la maestra se trasladó hacia los chicos: “Tuvimos la idea con mis colegas de lanzar un desafío deportivo. Cada día, los niños tenían que escoger un desafío, realizarlo, tomarse una foto o filmarse y enviarlo. Estuvieron muy motivados y tuvimos súper resultados. También lancé un reto de origami, tengo alumnos muy creativos”,

Frédérique Durand está muy orgullosa de sus alumnos, uno de ellos armó un tutorial filmado tan bien hecho que "parecía profesional".

"La escuela en casa, no es la escuela"

A pesar de todo este entusiasmo, los profesores saben que la pantalla no es una pizarra:  “No hay que hacerse ilusiones, la escuela en casa, no es la escuela. Me faltan muchas cosas para mi práctica pedagógica. No sabemos lo que piensan los niños, no los vemos. En clase virtual es difícil detectar a los que ya no están prestando atención para intentar de integrarlos nuevamente a la clase”

Y los maestros que retoman las clases con pisos marcados para respetar la distancia social y juguetes envueltos en plástico para que los pequeños no los toquen, dicen que con las precauciones sanitarias de distancia social, su escuela tampoco es la escuela…  

Mientras tanto, se estima que un 70% de alumnos en el mundo no está recibiendo una educación.

*Aquí terminan las crónicas "sobreviviendo al confinamiento". Otro ciclo y otra serie se abre con el desconfinamiento progresivo en Francia. Gracias por escuchar, leer y compartir.

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