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Francia - Coronavirus

¿El fin del beso? La pandemia amenaza uno de los rituales más arraigados de Francia

El presidente francés Emmanuel Macron y Angela Merkel se saludaron con un beso en el Palacio del Elíseo, París, el 13 de junio de 2017.
El presidente francés Emmanuel Macron y Angela Merkel se saludaron con un beso en el Palacio del Elíseo, París, el 13 de junio de 2017. © AFP/Patrick Kovarikr
Texto por: Alex Sinclair
3 min

Las restricciones impuestas por el distanciamiento social para evitar el contagio de la Covid-19 ha puesto entre paréntesis el contacto físico en los saludos, afectando particularmente las regiones de Francia donde el beso y los abrazos forman parte de la vida cotidiana. Para algunos es una pérdida de calidez, para otros un respiro.

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“La bise”, el beso para saludarse, se encuentra fuertemente arraigada en la sociabilidad francesa, sobre todo en algunas regiones de Bretaña o el sur de Francia, donde se quienes se dicen hola o chau estampan hasta cuatro veces sus labios en las mejillas del interlocutor.

Pero desde la aparición del nuevo coronavirus y las recomendaciones sanitarias, los besos han quedado en el aire.

En Montpellier (sureste de Francia), donde la gente acostumbra saludarse con tres besos, hay una nostalgia enorme. "Nos hace muchísima falta, da mucha pena tener que renunciar a hacerlo", explica Mélodie Ricaud, una estudiante, que ha adoptado el "namasté" -- un saludo con las manos unidas, elevadas a la altura de los ojos -- para saludar a sus amigos.

Fátima Boulamaat, que vive en el barrio popular Petit Bard, ya no saluda con beso a sus amigos. "Les saludo como hacía mi abuela marroquí, con la mano derecha sobre el pecho, mirándolos fijamente a los ojos para que sientan mi cariño".

Yvon Tapias, un jubilado que organiza circuitos para conocer Marsella, ha optado por el "Wuhan shake", en referencia a la ciudad china donde apareció el nuevo coronavirus.

 "Nos saludamos con el pie, así", dice, mostrando el gesto. "Las personas que venimos del sur necesitamos contacto", afirma.

En Marsella es común saludarse con dos besos, incluso entre hombres. "¡Es el primer lugar en el que saludé con beso a mis jefes!", dice entre carcajadas Jean-François Chougnet, presidente del Museo de Civilizaciones de Europa y el Mediterráneo (Mucem), que llegó hace unos años de París.

Pero no todos extrañan lo que consideran la imposición de un contacto indeseable. “Una de las cosas positivas de esta epidemia es el fin del beso. Odio esta ‘costumbre’ y tan pronto como me retiraba para evitar la boca babeante en mi mejilla que no había pedido nada, la gente se ofendía”, escribe Cécile, una tuitera francesa reaccionando a un artículo sobre el tema.

Misma opinión de Elise: "Me parece bastante extraño". "Es un contacto físico directo con gente que no conoces, lo cual te obliga a hacerlo sólo porque es un código social", agrega citada por The Local.

Otros partidarios del fin del beso ponen en acento en el rechazo de algo que ha dejado de ser espontáneo y cálido a convertirse en una imposición más del mundo laboral.

“Estas reacciones muestran un sentimiento mucho más profundo, un sentimiento hartazgo que se ha profundizado con el tiempo. ...no hace mucho tiempo, el beso estaba reservado para la familia y los amigos", opina el catedrático de la Sorbona Mathieu Avanzi.

Con informaciones de AFP

 

 

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