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Desconfinamiento

Sobreviviendo al desconfinamiento: los niños y las pantallas, sin demonizar ni ensalzar

Con la escuela en casa y sin poder salir, los niños han estado mucho más expuestos a las pantallas.
Con la escuela en casa y sin poder salir, los niños han estado mucho más expuestos a las pantallas. REUTERS/Fabrizio Bensch
Texto por: Florencia Valdés
10 min

Durante la cuarentena, para trabajar, mantenernos en contacto o distraernos, nuestra vida se volcó hacia las computadoras, celulares y tabletas. Los niños no han sido la excepción. Con la escuela en casa y sin poder salir, han estado mucho más expuestos a las pantallas, haciendo temer a los padres por las neuronas de sus hijos.

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Con el encierro, la banda sonora de muchos padres ha sido la voz de la maestra en videoconferencia, la música de juegos y de mil y un dibujos animados cuya existencia ignorábamos. 

"Lo manejamos mal"

Vincent Ooghe tiene dos hijos, Gabriele, de tres años, y Valerio que gatea: “Me parece que globalmente lo manejamos mal”, sonríe.

“Lo hicimos como pudimos. Antes del confinamiento, le mostrábamos al mayor en la televisión o en la computadora algo bastante corto, cuentos animados muy bonitos como ‘Pedro y el lobo’ o ‘La flauta mágica’. Tratamos de mostrarle  programas que estimulen su imaginación más que dibujos animados básicos. Lo mismo los domingos, le poníamos una película.  No le mostramos tabletas o celulares. Nos dimos cuenta de que es realmente tóxico”, cuenta.

La neuropsiquiatría ha establecido horarios para dosificar el acceso a las pantallas a diario.

“Hasta los dos o tres años no se recomienda el uso de tecnología. De tres a cinco años el tiempo estimado es de una hora, en niños más grandes lo máximo es de dos horas”, explica la psiquiatra Cecilia Banchero.

Y a partir de “dos horas de exposición ya se detectan problemas de salud mental, como niños que tienen más probabilidades de sufrir de depresión o más dificultad para establecer contactos sociales. También a nivel físico se observa aumento de obesidad y trastornos en las cervicales”.

“En este momento no es pensable vivir sin la tecnología"

Pero en este torbellino que es la pandemia, ese marco queda completamente desactualizado. La escuela virtual en casa puede tomar más tiempo de lo recomendado por los expertos.

“En este momento no es pensable vivir sin la tecnología, ya sea para comunicarnos o para aprender. Si en este tiempo expusimos más de lo conveniente a un niño a la televisión y a las redes, no tienen que preocuparse. Por dos o tres meses no se va a alterar ni la calidad de vida ni la calidad neuronal”, asegura la Dra Banchero.

Supervisar lo que ven los chicos

Lo que sí es importante “es que los padres supervisen qué tipos de programas van a poner. Se sabe que la exposición a programas violentos aumenta la violencia en los niños”.

La psiquiatra recomienda alimentar gustos y pasiones de los chicos: “Si les gusta el ballet o un idioma en particular o un juego, adelante”. 

Es lo que hicieron Vincent Ooghe y su pareja que es italiana. El tiempo delante de la tele -para que los adultos pudieran teletrabajar, ocuparse del bebé o simplemente limpiar la casa- le sirvió a su hijo Gabriele a mejorar su italiano. Viviendo en Francia, la lengua dominante es naturalmente la de Molière.

Escuchar y leer también ► Sobreviviendo al confinamiento: los niños y el coronavirus

Los padres cuentan que su lengua materna mejoró mucho: “Durante el confinamiento fue complicado como para muchos padres, encerrados y sin muchas soluciones. Tratamos de mostrarle programas en los que él no era pasivo. También privilegiamos programas o cuentos en italiano, queremos que sea bilingüe. En cuanto al ritmo, pasamos a una hora al día. Todo lo que ve alimenta su imaginación. Pero sí me molesta que esté tan expuesto a las pantallas”.

El proceso de desintoxicar

Así Gabriele hasta se relajaba y canalizaba mejor el no poder salir. Ahora, el desafío es "desintoxicarlo". Tratar de quitar ese tiempo de películas termina en llantos. Como muchos padres, todavía no encuentran la solución pero cuentan con la lectura como antídoto, un posible regreso a clases y luego las vacaciones escolares. 

Los niños de Maria Lachhab, Hassan, de cuatro años, y Widjane, de ocho, quizás sean la excepción que confirma la regla.

Durante el confinamiento, no estuvo atada a su computadora y pudo mantener un ritmo con ellos: “Son reglas establecidas desde el principio. Puedo dejar mi teléfono encima de la mesa y nadie lo toca. Es una costumbre que tienen desde chiquitos. Durante el confinamiento miraban una película los fines de semana como cuando iban a la escuela. Si los papás están presentes y juegan con los niños no es tan complicado limitar el tiempo frente a las pantallas”, cuenta.

Estar atento a los comportamientos violentos

Precisamente, durante el confinamiento ha sido muchas veces complicado dedicarles ese tiempo y aún más encontrar esa empatía en medio de una videoconferencia o tratando de hacer de comer para toda la familia.

El barómetro para saber si hay exceso es el comportamiento del propio niño. 

"Si se empiezan a poner violentos, hay que tener cuidado", advierte Cecilia Banchero, agregando que se debe evitar el uso de pantallas antes de dormir para evitar trastornar patrones de sueño.

Con todo esto en mente, la psiquiatra invita a los padres a ser indulgentes con ellos mismos en cuanto a la gestión del repertorio de caricaturas: "La cuarentena nos puso a todos en un estado de emergencia". 

Cuando se pone complicado o simplemente los padres necesitan un respiro, recordar que existe una cantidad impresionante de contenido de calidad para chicos de todas las edades y en todos los idiomas. Hasta lo que parecía más inaccesible en la "antigua normalidad", como la música clásica o programas científicos.

Una vez que escogimos un programa sumamente educativo y que los niños responden, la dificultad muchas veces es parar el tiempo de televisión y de computadora sin efecto nuclear. Como una persona precavida vale por dos, en vez de apagar bruscamente, los especialistas recomiendan prevenir que el tiempo se está acabando, el famoso “en cinco apagamos”. Y una vez que termine el programa y evitar el “otro ratito” acompañado de una fuente de lagrimas, se puede proponer enseguida una alternativa. “Los padres deben saber que hay actividades sumamente recreativas como cocinar, jardinería o actividades manuales que reemplazan las computadoras”, recuerda la psiquiatra Cecilia Banchero.

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