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revista de prensa

La reseña de la prensa francesa del 25 de abril de 2011

Texto por: Jordi Batallé
4 min

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La prensa nacional dedica esencialmente sus portadas y editoriales a la represión sangrienta de las autoridades sirias contra el movimiento democrático y al papel de los católicos en Francia en este lunes de Pascua.

“Siria, la crisis que desestabiliza Medio Oriente" se lee en el titular de portada de Le Figaro que subraya que el régimen sirio apoyándose en la minoría alauita ha elegido la represión sangrienta para oponerse a los contestatarios.

Mientras que Bachar el Assad reprime, la comunidad internacional se interroga, considera Yves Thréad, en el editorial de Le Figaro. Si, de Washington a París las grandes capitales condenan la brutalidad del régimen de Damasco, también temen su caída. El polvorín del Medio Oriente sería más difícil de contener. El miedo a lo desconocido es grande.

En Siria, como en otros sitios, la revuelta de esta “primavera árabe”, considera el mencionado diario, es la expresión de una sed de libertad y de democracia. Pero aquí, añade el editorialista, la reivindicación política se inscribe en un contexto religioso particular: Se trata de la excepción Siria.

La mano dura de Bachar el Assad, explica el rotativo, es la de un presidente salido de la minoría alauita –una rama del chiísmo- de su país. Educado según los principios del partido Baas, laico y nacionalista, ejerce un poder en solitario gracias al apoyo de otras minorías como la cristiana, la kurda o la druza. Este sabio equilibrio, heredado por su padre, ha garantizado durante tiempo la estabilidad en Siria. Una vez destituido Bachar el Assad, la minoría sunita se tomará la revancha, y nadie puede preveer si el integrismo, controlado hasta ahora, no hará su entrada en escena.

Israel tiene razón en temer a sus nuevos vecinos sirios y egipcios, dos países que se pueden ver librados a la fervor de los Hermanos Musulmanes. La misma inquietud crece en Arabia saudita y Turquía. Si la carta de Siria cae, toda la baraja de la región se derrumba. La sangre no ha cesado de brotar, trágico espectáculo que indigna a la opinión pública internacional, que pronto se preguntará por qué lo que es posible en Libia no lo es en Siria. La política de la “ley del embudo” va a ser difícil de defender, concluye Le Figaro y, si se quiere salvar a Bachar el Assad, la diplomacia debe entrar en escena en Damasco.

En este lunes de Pascua, festivo en Francia, el diario de izquierda Libération dedica su portada a lo que llama en su titular “la Cató Pride”, subrayando el aumento de las manifestaciones cada vez más visibles en los espacios públicos, de católicos sin complejos que proclaman su fe.

“En dos palabras, quiero la Iglesia en su casa y el Estado en la suya”: esta frase de Víctor Hugo, pronunciada hace 150 años, abre el editorial de Libération que firma François Sergent. Desde entonces, considera el editorialista, la Iglesia no es la única y no es exclusivamente romana.

En estos días de Semana Santa, la Iglesia Católica vuelve a ocupar las calles y plazas de Francia. Entre peregrinajes y procesiones, niega querer rivalizar con el Islam, convertida en la segunda religión del país, que con una explosiva mezcla de necesidad y ostentación cree poder rezar en las calles.

Millones de jóvenes católicos muestran su fe en la Jornadas mundiales de la Juventud, ante la sorpresa de una Francia que se creía descristianizada. Pero el laicismo a la francesa no se define contra las creencias, sólo da la libertad de creer o no a sus ciudadanos. No deberíamos, en este contexto de tranquilidad, que la escalada entre las religiones, o peor aún, una manifestación identitaria acabe con esta convivencia que la República ha sabido mantener, concluye Libération, y que finalmente funda la República.

A pesar de fiestas y vacaciones, la situación económica sigue preocupando. Le Monde dedica su editorial al oro como valor refugio, donde existen productos financieros de una sofisticación extrema, en que las órdenes de compra o de venta se ejecutan instantáneamente. El vespertino no puede evitar citar la frase de Charles de Gaulle: “El oro, ese metal estable, que puede transformarse en barras, lingotes o monedas y que no tiene nacionalidad”.

Y aunque su valor refugio ha sido a menudo cuestionado, y a menudo considerado irracional, los nuevos ricos de la economía mundial se lanzan a la compra del noble metal. Y su subida en los mercados traduce una desconfianza generalizada hacia las bases de la economía mundial. Y detrás de esta nueva fiebre del oro se esconde otra grave amenaza, concluye Le Monde: la inflación. La economía mundial está lejos de encontrar la serenidad.

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