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revista de prensa

La reseña de la prensa francesa del 23 de septiembre de 2011

Texto por: Jordi Batallé
4 min

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La demanda ante la ONU del presidente de la Autoridad Palestina de ser considerada como Estado y la ejecución de Troy Davis en EEUU a pesar de la ola internacional de protestas, son noticias de portada en la prensa francesa de hoy.

La bandera palestina flota  a toda plana en el número de Libération de hoy con el soñador titular: “Y si Palestina se convirtiera en estado…” explicando que en un gesto histórico Mahmud Abbas va a pedir hoy que la ONU reconozca su país.

Nicolás Demorand quien firma el editorial de Libération considera que la proposición de Abbas de pasar por la ONU para obtener la creación de une estado palestino es legitima: esta jugada de póker pone a todos entre la espada y la pared y concede a ambas partes, aunque mínimos, nuevos márgenes de acción.

La posición de Francia, golpeando la pelota de bote pronto, es hábil: intenta dar forma diplomática a la iniciativa palestina, proponer un calendario y método. Aunque sea quitándole fuerza al símbolo: si se crea el estado palestino, deberá primero adoptar la forma jurídica… del Vaticano.

Y aunque los armarios estén llenos de planes de paz, ahora hay algo nuevo: la primavera árabe que Francia y Estados Unidos han acabado por apoyar plenamente, manteniendo sus vínculos indefectibles con Israel.

Si este terremoto geopolítico y diplomático permitiese dar una mirada nueva al conflicto israelo-palestino, ya se habría avanzado bastante. Las esperanzas son pocas, concluye Libération, pero existen.

Lo que sí ha quedado claro es el fracaso de Barack Obama con su política para Oriente Medio. Para Le Monde, la constatación de Obama ante las Naciones Unidas de que “no hay atajos para llegar a la paz en Oriente Medio” subraya su impotencia. En su editorial, Le Monde apunta que este ejercicio de franqueza es la muestra de un monumental fiasco.

Al llegar hace tres años a la Casa Blanca, Obama aseguraba que haría de este asunto una de sus prioridades. Y que no esperaría, como sus predecesores, el final de su mandato para actuar. Iba a ocuparse de ello enseguida: quería resultados.

Pero en el primer pulso con el gobierno de Benjamin Netanyahu, Obama se dio por vencido. A la primera dificultad planteada por los palestinos, les dio la espalda. Ahora solo puede constatar que la paz solo puede salir de una negociación directa.

Desde los acuerdos de Oslo en el noventa y tres, israelíes y palestinos hubieran debido negociar. Dieciocho años mas tarde hay que reconocer que solos no llegarán a nada. Nicolas Sarkozy tiene razón, concluye Le Monde, cuando en la ONU propone un calendario autoritario, impuesto por una coalición de países, para reactivar una negociación.

Ha llegado el momento de cambiar de método, o resignarse a una tragedia perpetua.

A quien no le queda ninguna esperanza, es a Troy Davis, ejecutado ayer en Estados Unidos. La portada de L’Humanité no deja espacio a la duda. “Lo han matado” reza el titular, explicando que el condenado clamó su inocencia hasta el último segundo, antes de ser ejecutado en la penitenciaria de Jackson en el estado de Georgia. Los derechos humanos están de luto.

Patrick Apel-Muller,explica en el editorial de L’Humanité que estuvo cuatro horas atado a la camilla de ejecución, esperando el veredicto del Tribunal Supremo de Estados Unidos. Aplazamiento inútil: ni la retractación de varios testigos, ni la ausencia del arma, ni la prueba de las mentiras del médico forense no han despertado la menor duda en la justicia americana, que se sitúa entre la ley de Linch, que durante el periodo de independencia preconizaba las ejecuciones sumarias y la ley del dinero.

Los pasillos de la muerte están llenos en ese país cuyos dirigentes proclaman líder del mundo civilizado. Los negros son mayoría. Del otro lado del planeta, otros esperan su fin: en China o en África, o en Oriente Medio. L’Humanité pone como ejemplo Arabia Saudita, escandalosamente halagada por la diplomacia francesa, donde un hombre acaba de ser condenado a muerte por “brujería”.

Si la abolición de la pena de muerte no es sin duda el estadio supremo de respeto a los hombres, es al menos su requisito indispensable.

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