Revista de prensa

La reseña de la prensa francesa del 8 de mayo de 2012

Texto por: Jordi Batallé
4 min

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Los ecos de la elección de François Hollande como presidente de Francia y los problemas internacionales a los que deberá hacer frente son temas destacados por la prensa francesa de hoy.

“Gracias pueblo de Francia” es el titular de portada Le Monde, que acompaña una imagen de François Hollande junto a su compañera Valerie Trierweiler en su primera intervención pública después de conocerse su victoria. Para Erik Izraelewicz, como para François Mitterrand hace 31 años, François Hollande ha sabido en su campaña sacar partido de la fuerte demanda de cambio de la sociedad. Cambiar, es ahora el principal desafío que espera al nuevo jefe del Estado. François Hollande y sus principales colaboradores han empezado a declinar los términos de este cambio anunciado y esperado. Pero lo han hecho todos, constata el editorialista, con prudencia y extrema gravedad. Y no hay para menos. Porque, más que en 1981, Francia se ve sumergida en una profunda crisis económica y social, y es también más dependiente, por vínculos múltiples, del resto del mundo y de Europa en particular. Si debe comenzar desde hoy la batalla de las legislativas del próximo mes de junio, para que los franceses le concedan la mayoría que necesita, François Hollande debe rápidamente convencer a los europeos sobre la pertinencia de su combate por el crecimiento económico. Sólo con el conjunto de países europeos, Francia poseerá de nuevo un margen de maniobra. La elección francesa ya ha hecho cambiar de postura a muchos. Pero no nos engañemos, apunta Le Monde, los múltiples llamamientos por el crecimiento en Europa no significan siempre lo mismo. Cuando François Hollande sueña con un “New Deal” europeo, podemos leer, sobre el modelo del gran programa de infraestructuras lanzado en los años 30 en los Estados unidos por Franklin Roosevelt, los dirigentes conservadores europeos piensan más bien en una política de rigor y de liberalización económica. Un compromiso entre estas dos visiones, concluye Le Monde, es posible y deseable.

Compromiso que la prensa conservadora considera difícil, si leemos la portada de Le Figaro que titula “Hollande-Merkel, primeros desacuerdos sobre Europa”, explicando que la canciller alemana puso ayer sus condiciones al presidente electo, excluyendo toda negociación sobre el pacto presupuestario europeo y toda iniciativa de “crecimiento por el déficit”. Para Pierre Rousselin, quien firma el editorial de Le Figaro, con Alemania los inicios siempre han sido difíciles, pero para François Hollande, añade, serán más complicados que nunca. Un día después de su elección, su promesa de “renegociar” el pacto de estabilidad presupuestaria choca contra un muro. Angela Merkel está dispuesta a trabajar con Hollande pero con la condición de que no renuncie a los compromisos de Francia. François Hollande se equivoca, considera Le Figaro, si piensa arrancar concesiones antes de los comicios del mes de junio. Se acabó la fiesta, concluye Le Figaro, sus seguidores deben cesar de tomar sus deseos por realidades.

Pero a estas dificultades la prensa que apoya a Hollande opone el trabajo: “Ya al (verdadero) trabajo” es el titular de Libération, que ironiza sobre la frase de Nicolas Sarkozy sobre el “verdadero trabajo”. Para Nicolas Demorand, autor del editorial de Libération, el “estado de gracia” de François Hollande habrá durado sólo unas horas. Ahora comienzan los problemas (“les emmerdes commencent”, podemos leer en “buen” francés), y llegan en escuadrilla. Doble ejemplo en Europa, apunta Demorand: después de la economía y la sociedad, es ahora el sistema político griego que ha explotado en las urnas, ofreciendo a todos el espectáculo de la decadencia de un país y la desesperación de un pueblo cuando sólo tiene por destino la más brutal austeridad. Segundo problema: Alemania, que acogerá con los brazos abiertos a Hollande, pero que no acepta rectificar la amarga y rigurosa pócima que exige a los 27 Estados miembros de la Unión. No importa si este método no funciona o agrava la situación económica de los países que la aplican. Al menos las cosas están claras: ¿Podrá Francia hacer cambiar de opinión a Berlín, o no tiene suficiente influencia en Europa? El mandato de Hollande va a jugarse sobre esta cuestión, concluye Libération, que va más allá de las fronteras, ya desaparecidas, de Francia.

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