Revista de prensa

La reseña de la prensa francesa del 4 de octubre de 2012

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Las protestas de empresarios en Francia por la subida de impuestos, la corrupción en el deporte, y la violencia juvenil después del asesinato de dos jóvenes en los suburbios de la ciudad de Grenoble, son las noticias que destaca la prensa francesa de hoy.

“Aumenta la cólera fiscal” es el titular de portada de Le Figaro, en la que explica que los empresarios de internet han lanzado un movimiento de protesta que han bautizado como el de las “palomas” para denunciar el acoso fiscal del Gobierno. Gaëtan de Capèle, el autor del editorial de este diario conservador, exclama: ¡Quién lo hubiera dicho, una revuelta de empresarios! Y no de los aristócratas, que cotizan en bolsa, acusados de todos los males a diario, añade el editorialista. No, son los soldados rasos de la patronal, cientos de empresarios anónimos que se niegan a pagar los platos rotos de la República, esas “palomas” que se despluman para acabar con el déficit. El origen de su enfado, podemos leer, lo encontramos en ese nuevo mantra presupuestario, según el cual en nombre de la equidad, el capital debe pagar impuestos como el trabajo. Ya se ha dicho todo sobre este desacierto que consiste en aplicar una imposición masiva, a veces confiscatoria (más del 60%) a los empresarios que venden su empresa. Y que permite al Estado servirse impúdicamente de todo el edificio empresarial con cotizaciones sociales, impuesto sobre la renta, sobre las empresas y sus dividendos, antes de recaudar lo esencial de su plusvalía. Esta política de castigo fiscal molesta profundamente por el sentimiento que expresa, apunta Le Figaro. En Francia es tolerada la creación de empresas, pasar noches en blanco por un proyecto, negociaciones interminables con los bancos por un crédito, sacrificar la vida familiar. Poro no enriquecerse. Los riesgos si, la fortuna no. Está claro que este movimiento no despertará la simpatía de las masas, pero sólo ellos, concluye Le Figaro, pueden crear crecimiento, empleos y poder adquisitivo. Si no entendemos que su éxito es el éxito de Francia volarán a otras latitudes.

Algunos intentan hacerse ricos de manera poco legal: es el caso de algunos jugadores del equipo de balonmano de Montpellier. Libération dedica su portada a este asunto con el titular “Malos jugadores”, considerando que más allá del caso de estos jugadores, la corrupción, el blanqueo o las mafias hacen que el deporte se vea cada día más gangrenado por el dinero. “¡Y nosotros que pensábamos que el balonmano era un deporte de chicos buenos y simpáticos que preferían la pelota al dinero, no como los arrogantes y ricos futbolistas!”, exclama con ironía François Sergent, en el editorial de Libération. Los hermanos Karabatic y otros jugadores desmienten esta idílica imagen. Aunque el volumen de sus apuestas sea inferior a un día de compras de la señora Ibrahimovic, esposa del jugador de fútbol millonario del París Saint-Germain. Pretenden no haber propiciado la derrota, algo que sería más convincente si no hubieran apostado todos por la derrota de su club. Un golpe bajo que sólo puede entristecer a sus seguidores y a los chicos que esperan un autógrafo. Para Libération, tanto el deporte como las apuestas deportivas, cerca de 200.000 millones al año, se han mundializado. Y en consecuencia son incontrolables. El volumen de dinero es tal, concluye Libération, que las apuestas traen corrupción, trampas y blanqueo como se puede ver en China o en Italia.

Los jóvenes necesitan cada vez más el ejemplo de un deporte limpio. La Croix, precisamente dedica su portada a los nuevos aspectos de la violencia juvenil, preguntándose, después del asesinato de dos jóvenes en Echirolles, si vivimos un crecimiento exponencial de las agresiones cometidas por jóvenes. Afortunadamente, apunta Dominique Quinio, en el editorial de La Croix, hechos como éste continúan siendo en Francia excepcionales. Son terribles porque uno no se explica cómo jóvenes del mismo barrio, de una misma clase social pueden ser autores de actos de increíble salvajismo. Sin razón, por una rivalidad, por una “mirada de soslayo”. Una violencia insidiosa se insinúa en la vida cotidiana de escuelas y suburbios, sin que se produzca la movilización que implica un drama mayor. Muchos profesores no consiguen imponer su autoridad. El lenguaje no reconoce los límites del respeto y de la educación. Y cuando faltan las palabras, concluye La Croix, llegan los golpes.
 

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