Revista de prensa

La reseña de la prensa francesa del 6 de enero de 2014

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Las consecuencias de la guerra en Siria, las dudas que se instalan sobre la intervención militar de Francia y el ejercicio de equilibrismo político de François Hollande son los temas que destaca la prensa francesa de hoy.

“La guerra de Siria conduce a combates en Irak” es el título del editorial de portada de La Croix, en el que constata que el conflicto sirio está creando serias dificultades a sus vecinos. Líbano e Irak, sobre todo, luchan por no caer en un caos parecido. Estos tres países se ven atravesados por la misma fragilidad: la yuxtaposición de comunidades religiosas o étnicas que luchan para tomar el control del Estado y apropiarse sus funciones. La principal rivalidad, atizada por Irán de un lado y Arabia Saudí, Qatar o Turquía del otro, opone a los musulmanes chiítas a los musulmanes sunitas. Amplificada además por un movimiento sunita afiliado a Al Qaida, el Estado Islámico en Irak y Levante, que ha reivindicado por primera vez un atentado en el Líbano, el pasado 2 de enero. En Siria, ha mostrado tal crueldad, que sus antiguos aliados luchan ahora contra él. En Irak, ha sacado partido de un aumento de la tensión para tomar posiciones en dos ciudades importantes del oeste, donde se preparan intensos combates contra las fuerzas de seguridad. La violencia, apunta La Croix, parece de este modo no acabar nunca en esta región desestabilizada por el ataque americano-británico que derrocó el régimen de Sadam Hussein en marzo de 2003. Irak y Siria parecen condenados a encontrarse durante mucho tiempo en la misma situación que el Líbano sufre desde hace cuarenta años: una debilitación del Estado, forzado a tener en cuenta identidades regionales que le disputan misiones tan legítimas come el mantenimiento del orden o el control de fronteras.

También empieza a ser discutida la intervención militar francesa en África, como lo muestra el titular de portada de Libération: “Las dudas de África”, explicando que a pesar de la urgencia humanitaria, ya se alzan voces en el continente preguntándose si el papel de París en Mali o en República Centroafricana es legítimo. François Sergent cita en el editorial de Libération las palabras que el presidente François Hollande pronunció el pasado 5 de diciembre para justificar la intervención francesa en República Centroafricana: “Francia es esperada para evitar una catástrofe humanitaria y estará presente”. Un mes más tarde, apunta el editorialista, las masacres se han convertido en el pan de cada día en Bangui, cientos de miles de centroafricanos desplazados se encuentran sin ayuda a causa de la falta de seguridad. La catástrofe humanitaria está instalada. Lo que prueba una vez más, considera Libération, que una operación exterior, aunque auspiciada por la ONU y con el apoyo de los países vecinos y de la Unión Africana, no es capaz de todo. Y si se puede evocar el carácter excepcional de República Centroafricana, Estado fallido desde su nacimiento, uno de los países más pobres del mundo, sin ejército ni administración, sin hospitales ni carreteras, hay que escuchar a los africanos que no se resignan a ingerencias repetidas de la antigua potencia colonial, concluye Libération, sean cuales fueran las razones invocadas.

El titular de portada del conservador Le Figaro, haciendo referencia a la política interior de Francia, se pregunta si François Hollande puede cambiar de política. Le Figaro explica que, lejos de las promesas electorales, el presidente, que asume una orientación reformista, va a deber precisar los detalles del “Pacto de responsabilidad” propuesto a las empresas. Para Paul-Henri du Limbert, quien firma el editorial de Le Figaro, de ahora en adelanta tendrá que atreverse. Atreverse a renunciar a sus ideas, a sus promesas, a ciertos de sus amigos y a todas esas quimeras de las que vive la izquierda. Si pone realmente en práctica sus propósitos, François Hollande habrá conseguido la gran trasgresión a la que los socialistas se niegan desde hace tantos años. La misión parece a priori imposible. Un viaje contra su propio campo, durante el que se le van a reprochar cotidianamente una o dos traiciones. Si quiere tener éxito en su odisea, concluye homéricamente Le Figaro, deberá atarse al mástil, taparse los oídos con cera.
 

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