Revista de prensa

La reseña de la prensa francesa del 13 de noviembre de 2014

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La posible vuelta a la Guerra Fría de los años sesenta, nuevas revelaciones sobre la muerte de un joven manifestante ecologista en el sur de Francia y la llegada del Philae al suelo del cometa Churyumov son noticias que destaca la prensa francesa de hoy.

En todas las portadas de la prensa francesa de hoy podemos observar la extraña geografía del cometa Churyumov tomadas por la sonda Rosetta y el robot Philae, poco antes de su contacto con el suelo del cometa. Incluso el comunista L’Humanité, poco dado a dedicar su portada a temas científicos, titula a toda plana: “L’Humanité, es decir la humanidad, cabalga ahora sobre cometas”. También el católico La Croix, quizás más acostumbrado a dirigir su mirada al cielo, se felicita en su editorial por el éxito de la misión de la Agencia Espacial Europea. Incluso los que no están completamente seguros de comprender la importancia de esta misión, considera Dominique Quinio en el editorial de este diario católico, pueden apreciar su prodigio tecnológico. Sobre todo, destaca La Croix, porque el proyecto es europeo. Veinte países están implicados en su realización y el “¡Hola cometa!” lanzado por la sonda al llegar fue traducido en una multitud de idiomas. Por la movilización de energía y de medios financieros (catorce mil millones de euros), para una empresa que permitirá comprender mejor las condiciones de la aparición de la vida en nuestro planeta. He aquí una conquista pacífica que debería regocijar a una Europa que tiende a dudar de sí misma y de su rango en el mundo. La unión de las ciencias, concluye La Croix, también hace la fuerza.

El conflicto en Ucrania en el que Rusia sigue apoyando a los separatistas no parece una conquista pacífica: “La Unión Europea amenaza a Moscú con nuevas sanciones”, es el titular de la sección internacional de Le Monde en la que constata que los veintiocho dudan sobre cómo reaccionar ante la llegada masiva de refuerzos rusos para apoyar a los separatistas ucranianos. No es de extrañar que este periódico titule su editorial “Europa ante una vuelta a la Guerra Fría”. Y aunque los síntomas se multiplican desde hace un año, podemos leer, ha hecho falta que Mijaíl Gorbachov dijese las cosas por su nombre para que, brutalmente, el mundo occidental sea consciente de ello: veinticinco años después de la caída del muro de Berlín un invierno gélido se cierne de nuevo sobre Europa. Para el que fuera último líder de la Unión Soviética, “estamos al borde de la Guerra Fría”. Y la responsabilidad de esta vuelta atrás es de los occidentales que “quieren lanzar una nueva carrera de armamentos”. Es sintomático, considera Le Monde, que sea Mijaíl Gorbachov, el hombre que hizo posible el fin de la Guerra Fría, dé hoy una interpretación de los hechos diametralmente opuesta a la de los occidentales. Como Vladimir Putin, rechaza la idea según la cual Occidente ganó la Guerra Fría y acusa a la OTAN de querer extenderse al Este a cualquier precio. Y más sintomático todavía, concluye Le Monde, el constatar objetivamente una peligrosa agravación de las tensiones sobre el terreno en la Europa exsoviética.

Tensiones sobre el terreno las hubo entre gendarmes y manifestantes el día de la muerte de un joven ecologista en Sivens. Libération dedica su portada a este tema con el titular “Lo que los ministros sabían”, apuntando que conocidas enseguida por los gendarmes, las circunstancias de la muerte del militante ecologista Rémi Fraisse fueron ocultadas varios días por el gobierno francés. Para Laurent Joffrin, quien firma el editorial de Libération, las autoridades han mantenido de modo voluntario la ambigüedad sobre las causas de la muerte de Rémi Fraisse durante dos días, mientras que los gendarmes, hoy lo sabemos, habían comprendido enseguida que una granada lanzada por ellos era el origen de la muerte del manifestante. ¿Escondieron los gendarmes la verdad al poder político?, concluye Libération. Es infinitamente poco probable. Es mucho más verosímil que los responsables del gobierno hayan obedecido al viejo adagio del cinismo político: hay que retener la información hasta que ya no tenga importancia.
 

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