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En el sur de Pakistán, el hormigón le va ganando terreno a los manglares

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Karachi (AFP)

A unos metros de la costa de Karachi, unos "manglares bebé" van creciendo en una cala remota de la isla de Bundle. Pero este paisaje de tarjeta postal podría desaparecer, pues el gobierno pakistaní pretende impulsar un gigantesco proyecto inmobiliario.

Cientos de plantitas verdes, llamadas a convertirse en frondosos bosques acuáticos, brotan tranquilamente, bajo la mirada impasible de una manada de camellos. A unos metros de allí, la playa que queda frente a Karachi está llena de basura, donde se ven zapatos y material médico usado.

Al otro lado de la orilla, los esqueletos de los edificios sin terminar dan cuenta de la urbanización anárquica de esta megalópolis del sur de Pakistán, de 20 millones de habitantes.

"Dejemos que la naturaleza se regenere. No soñemos con grandes ciudades", incide Mahera Omar, directora de varios documentales sobre medio ambiente.

"Todos estamos cansados de nuestra selva de hormigón. Queremos salir al aire libre, disfrutar de la brisa marina y de la naturaleza", agrega Omar, asidua a los paseos en kayak por el manglar, un terreno ideal -según ella- para el ecoturismo.

Sin embargo, el Ejecutivo pakistaní pensó otra cosa. El presidente Arif Alvi firmó a finales de agosto una orden para hacer de Bundle y de la cercana isla de Buddo tierras federales y poder así poner en marcha un ambicioso programa inmobiliario evaluado en 50.000 millones de dólares (42.000 millones de euros). Y existe otro proyecto similar planeado para el Ravi, el río que atraviesa Lahore (noreste). Ya se han iniciado las primeras negociaciones con inversores locales.

Con todo, esta maniobra no deja de ser sorprendente, pues el gobierno de Imran Khan ha tenido hasta la fecha un balance medioambiental más bien positivo. El "tsunami de los mil millones de árboles", plantados o regenerados en la provincia de Jiber Pajtunjwa (noroeste), impulsada por su partido, fue muy aplaudido a nivel internacional.

- "Contradicción" -

El primer ministro anunció que extendería ese programa al conjunto del país, con un objetivo de 10.000 millones de nuevos árboles. La construcción de nuevas centrales de carbón, prevista por un acuerdo firmado con China, también quedó suspendida, para dar prioridad a las energías renovables.

"Imran Khan encarna la contradicción", denuncia Murtaza Wahab, un portavoz de la provincia de Sindh, que tiene su capital en Karachi.

"Se enorgullecía de decir que el cambio climático es una realidad. Pero cuando se trata de Sindh, su opinión cambia", explica.

Sindh es el feudo del Partido del Pueblo Pakistaní (PPP), punta de lanza de la oposición, que considera que las islas del litoral son "propiedad del gobierno provincial" y que las autoridades federales no pueden "tomar el control" de ellas.

El PPP prevé llevar la orden presidencial, que tilda de "ilegal", ante el Parlamento y la Justicia, para proteger los manglares, un "símbolo de Karachi", según Wahab.

La AFP contactó varias veces al consejero de Imran Khan para el Cambio Climático, Malik Amin Aslam, pero éste no dio respuesta.

Salvo en Islamabad, el proyecto parece generar un rechazo generalizado.

Los pescadores de Karachi, que suelen echar sus redes en Bundle, porque sus aguas están menos contaminadas, presentaron una queja contra el gobierno central.

- Aguas turbias -

"Vamos a perder nuestros empleos. Esto nos devastará", declara Kamal Shah, uno de sus portavoces, en el pequeño puerto de Ibrahim Mathri, cuyas oscuras aguas desprenden un olor espantoso.

Desde hace décadas, Karachi lanza sus residuos y aguas usadas directamente al mar. "Cuando éramos jóvenes, tirábamos una moneda al mar y se podía ver", recuerda. "Ahora, si un hombre entra en el agua, se pierde de vista", agrega.

Rab Nawaz, un responsable de la oenegé Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) en Pakistán, denunció un futuro "desastre medioambiental". "Bundle es un lugar de nidificación para las tortugas, los delfines. Y los manglares son bosques protegidos en Pakistán", señala.

"Este proyecto es una pesadilla", recalca. "A veces, se puede reducir al máximo el impacto medioambiental de algunas infraestructuras. Pero en Bundle eso es simplemente imposible", insiste.

Además, la destrucción de los manglares podría poner en riesgo a la población ante eventuales tsunamis, destaca el arquitecto urbanista Arif Belgaumi, que también denunció el proyecto gubernamental.

Esos manglares "forman una barrera contra los tsunamis", apunta Belgumi, por lo que su preservación es "una evidencia", ya que es "vital para la preservación de Karachi".

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