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Médicos recién graduados combaten el covid-19 en zona rebelde siria

4 min
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Azaz (Syrie) (AFP)

Cuando Mohamed retomó en 2014 sus estudios de medicina en la región rebelde del noroeste sirio, su objetivo era auxiliar a las víctimas de la guerra. Con su diploma en la mano, ahora se encuentra en primera línea del combate contra la pandemia.

Con 29 años, Mohamed Mustafá al Mohamed preveía sobre todo tratar a los heridos de las ofensivas devastadoras del régimen de Bashar al Asad y su aliado ruso, lanzadas con regularidad contra el último gran bastión yihadista y rebelde de Idlib y territorios insurgentes vecinos.

No obstante, a partir de marzo pasado un precario cese el fuego interrumpió las hostilidades en momentos en que covid-19 comenzaba a extenderse en todo el mundo.

"Nos enfrentamos a un desafío nuevo y difícil, aún más a causa de la falta de medios y la sobrepoblación de nuestras regiones", confía a la AFP Mohamed, en el marco de su ceremonia de graduación en Azaz, ciudad fronteriza con Turquía, controlada por rebeldes proturcos.

"La amenaza es importante", continúa, al referirse a la pandemia mundial.

En el noroeste de Siria se han registrado oficialmente 16.002 casos de contagio por covid-19, y 166 muertes, en la provincia de Idlib, pero también en otros territorios insurgentes colindantes, sobre todo en la región de Alepo.

- "Sector médico devastado" -

En la región de Idlib, donde aproximadamente la mitad de los tres millones de habitantes son desplazados, que con frecuencia viven en campamentos sobrepoblados, las oenegés temen la rápida propagación del coronavirus.

Situación que podría revelarse catastrófica en territorios con sus infraestructuras médicas devastadas por el conflicto, que empezó en 2011. Y, puesto que alrededor del 70% del personal sanitario en Siria ha huido al exterior para escapar de los combates, de acuerdo con la ONU.

Mohamed forma parte de la primera promoción de 32 médicos graduados en noviembre en la "universidad de Alepo en las zonas libres", fundada en 2014, con sede en Azaz y asociada a las autoridades locales instaladas por la oposición siria en el exilio en Turquía.

Los departamentos de Medicina y Farmacia, ubicados en la cercana población de Marea, cuentan actualmente con más de 1.000 estudiantes.

Desplazado del extremo oriental de Siria, Mohamed tuvo que interrumpir sus estudios en 2012 por la guerra, para reanudarlos dos años más tarde. Durante ese tiempo de interrupción, trabajó como socorrista en la región de Alepo.

"Sufrimos mucho, tanto ataques aéreos como el fuego de la artillería", recuerda.

Con mascarillas cubriendo sus rostros, vestidos con las tradicionales togas de colores azul marino y verde, y tocados con birretes, estos jóvenes graduados acaban de finalizar largos años de estudios.

Ante familiares y amigos que llegaron para compartir su alegría y altos funcionarios de la oposición, los 32 flamantes médicos recitan al unísono el juramento hipocrático.

"Inclusive en los países que disfrutan de estabilidad, el coronavirus es un gran desafío para el sector sanitario", señaló el decano de la facultad de Medicina, Jawad Abu Hatab.

"Entonces, ¿qué podemos decir de una región como la nuestra, donde el sector médico ha sido devastado y apenas quedan algunos hospitales?", se pregunta el académico.

- "Un deber" -

La Organización Mundial de la Salud (OMS) registró 337 ataques contra instalaciones médicas en el noroeste de Siria, entre 2016 y 2019. El régimen y su aliado ruso fueron acusados por oenegés de bombardear infraestructuras civiles.

La mitad de los 550 establecimientos sanitarios que habían están fuera de servicio, señaló la OMS en marzo pasado. Estos centros resultaron muy dañados o fueron abandonados ante la inestable situación de seguridad o la partida de pobladores que huían de las ofensivas del régimen.

En estos últimos meses, agencias de la ONU y organizaciones humanitarias se han movilizado para ayudar a esta región a aumentar su capacidad de detección y el número de camas en los hospitales destinadas a los pacientes con covid-19.

Sentado en un salón cuyas paredes están cubiertas por láminas que representan la anatomía humana, el estudiante Mohamed Chacha es consciente de la magnitud de su misión.

"Desde 2011, escasea el personal médico (...) ya sea por la emigración, detenciones o muertes", se lamenta este joven de 26 años.

En tales condiciones, practicar la medicina es para él un "deber".

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