La pandemia obliga a miles de niños a trabajar en Jordania

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Amán (AFP)

La crisis sanitaria puso en entredicho los sueños de Omar de hacerse piloto. Cada mañana, se le hace un nudo en la garganta cuando pasa por delante de su liceo, cerrado, en un barrio obrero de Amán, de camino al taller donde repara estufas de queroseno.

En Jordania, los centros escolares llevan cerrados casi un año y miles de niños, según una oenegé, se han visto obligados a ponerse a trabajar, máxime cuando la pandemia ha dejado sin trabajo a multitud de adultos.

Estos se sumaron a los 76.000 menores que, según cifras oficiales de 2016, se ven forzados a trabajar, aunque oficialmente la ley prohíba que los menores de 16 años trabajen.

"En cuanto las escuelas vuelvan abrir, vuelvo. No quiero que el corona destruya mi sueño. Me encantaría continuar estudiando para ser piloto", explica Omar, de 14 años.

Pero eso tendrá que esperar. El gobierno anunció que en febrero reabrirán los centros de infantil, la primaria y los últimos cursos. Pero los otros niveles no volverán a las aulas hasta marzo.

- Doce horas al día -

Con un suéter rosa y un tejano manchado, Omar limpia concienzudamente la rejilla de un radiador, antes de emprender la reparación de una estufa con sus ennegrecidas manos.

"Como la escuela está cerrada, ayudo económicamente a mi familia. Trabajo de 9 de la mañana a 9 de la noche. No me importa. Lo que es insoportable es el olor del queroseno", admite.

"En cuanto llego a casa, me ducho, me enjabono, pero el olor no desaparece. Estoy tan muerto de sueño que como rápidamente y me acuesto", añade.

A Omar le pagan 3 dinares al día (3,4 euros), con lo que ayuda a pagar el alquiler, que cuesta 130 dinares al mes (unos 151 euros). Un salario vital para la familia pues su padre, jornalero, está sin trabajo a causa de la epidemia, como tantos otros.

"No tenemos cifras precisas pero tememos que, con el coronavirus, el número de niños que trabajan haya crecido. Además, es algo lógico, porque sabemos que la tasa de pobreza aumenta", explicó a la AFP la representante de Unicef en Jordania, Tania Chapuisat.

Una conclusión corroborada por Jader Abu Zaid, de 58 años, que alquila decenas de carretillas en el mercadillo del barrio de Wahdat.

"Desde que las escuelas cerraron a causa de la pandemia, el número de niños que alquilan mis carretas ha aumentado", afirma.

"Ahora, solo los jóvenes de entre 12 y 17 años hacen labores de carga en el mercado", explica. Según él, por ese trabajo cobran unos cinco dinares diarios (5,8 euros), y a veces más.

Es el caso de Mustafa, de 12 años, que también se vio sin nada que hacer cuando cerraron las escuelas.

"Desde hace varios meses, transporto verdura y gallinas en el mercado", dice, arrastrando su carreta, llena de vituallas. Según dice, gana 5 dinares.

"Alquilo mi carro por un dinar al día y le doy los otros cuatro a mi familia para ayudarles con los gastos", explica.

- Más pobreza -

Según los datos oficiales, la tasa de pobreza en Jordania era del 15,7% en otoño de 2020, pero el Banco Mundial prevé que esta se incremente 11 puntos a corto plazo.

Jordania, que registró más de 317.000 casos de covid-19 y más de 4.180 decesos, empezó su campaña de vacunación la semana pasada, pero la situación no invita al optimismo.

El director de la oenegé Observatorio Jordano del Trabajo, Ahmad Awad, considera que miles de niños se han puesto a trabajar desde que estalló la crisis sanitaria, y teme que ese fenómeno "aumente considerablemente a causa de la pandemia".

Para la coordinadora de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Jordania, Farida Khan, los niños de las familias pobres son los que más sufren con el cierre de las aulas.

"La mayoría de las familias tienen fuertes carencias educativas y son incapaces de ayudar a sus hijos con el aprendizaje a distancia", afirma.

"Sabemos que solo el 31% de los niños escolarizados en Jordania tienen acceso a internet y, de ellos, una cuarta parte no se conecta nunca a ninguna plataforma de aprendizaje", asegura además Tania Chapuisat.