Níger debe evitar nuevas matanzas para no sumirse en el caos

Soldados de Níger en la región de  Tahoua en 2016
Soldados de Níger en la región de Tahoua en 2016 Boureima Hama AFP/Archivos
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Niamey (AFP)

Níger, golpeado una vez más por una serie de atentados, entre los más mortíferos del Sahel, se enfrenta al inmenso desafío de intensificar sus esfuerzos en la lucha contra el yihadismo, que amenaza con sumir en el caos a este país africano.

Los atentados contra civiles se han multiplicado a lo largo de este año. Más de 300 personas han muerto en tres ataques contra pueblos y campamentos en el oeste del país, fronterizo con Malí, aunque ninguno ha sido reivindicado.

Pero la organización Estado Islámico (EI) está señalado: sus miembros se han implantado en las zonas atacadas y las represalias son una de sus formas de actuar.

Tanto en la región de Tahoua, donde 137 civiles perdieron la vida el domingo en campamentos nómadas, así como en la región de Tillabéri - las dos cercanas a Malí- se están creando "milicias de resistencia", explica Ibrahim Yahaya Ibrahim, investigador internacional de Crisis Group (ICG).

"Hay que ver estos ataques como una forma de castigo colectivo contra comunidades donde se está organizando una resistencia", considera.

En estas regiones rurales y pobres, las poblaciones sufren la presión de los yihadistas del EI con el cobro del impuesto islámico -zakat- el reclutamiento y la radicalización de las costumbres.

"Las amenazas de muerte contra los que no pagan (el zakat) crea la psicosis en la comunidad", explica un reciente informe humanitario. Algunos se defienden empuñando las armas, siguiendo una lógica a menudo comunitaria.

"No estoy en absoluto tranquilo", confiesa Adamou Oumarou Mamar, coordinador de un colectivo de la sociedad civil de Tillabéri, ya que el conflicto está tomando "un giro en el que las etnias son el blanco".

El domingo, la totalidad de las 127 víctimas eran tuaregs.

Como en el vecino Mali, la seguridad en un territorio inmenso es un desafío titánico. Níger anunció a fines de 2020 que quería redoblar sus efectivos militares en cinco años pasando de 25.000 a 50.000 soldados.

- "Fracaso total" -

Hoy día, la "seguridad es un fracaso total; la gente ha dilapidado los fondos de defensa", dice Amadou Bounty Diallo, antiguo militar nigerino, en referencia al escándalo de sobrefacturación en el ministerio de Defensa.

"A 60 km, a 100 km de la capital, se puede matar a decenas y decenas de civiles sin que nuestras fuerzas puedan reaccionar", advierte.

Las autoridades nigerinas anunciaron haber desplegado refuerzos en las dos regiones afectadas.

Pero "la seguridad total" no es posible y la llegada reciente a Níger de 1.200 soldados chadianos, bajo la égida de la fuerza conjunta del G5 Sahel (Mauritania, Malí, Burkina, Níger y Chad) preocupa. Estos soldados tienen la reputación de utilizar la fuerza bruta.

Niamey apuesta por el diálogo con las comunidades locales afectadas y rechaza cualquier negociación con los grupos yihadistas. El objetivo es asegurar la presencia del Estado, a menudo visto como un depredador debido a muchos abusos, y hacer que los jóvenes se aparten de la tentación yihadista.

A raíz de estas iniciativas de la Alta Autoridad para la Consolidación de la Paz (HACP, según sus siglas en francés), su presidente, el general Amadou Abou Tarka, se jactó el martes por la noche en la televisión pública de haber cosechado "algunos logros". "Estamos en diálogo permanente con las comunidades entre las que los grupos terroristas reclutan", dijo, antes de asegurar que había convencido a una "treintena de arrepentidos".

Estas iniciativas deberían ser una "prioridad absoluta" y tendrían que articularse con el esfuerzo militar, aunque la situación no ha mejorado.

"Hay logros en materia de seguridad y el gobierno de Mohamed Bazoum los va a consolidar corrigiendo las lagunas constatadas", asegura uno de sus colaboradores, Abderahmane Ben Hamaye.

Pero, asegura, "el problema de Níger viene de fuera. Lo primero es resolver imperativamente los espinosos problemas maliense y libio".

Al igual que en Burkina Faso, muchas personas en Níger niegan la presencia en el territorio nacional de yihadistas y prefieren mirar al turbulento vecino maliense.

Pero según un observador de la ONU, "quizá es hora de que los políticos se convenzan de que los grupos yihadistas reclutan tanto de lado nigerino de la frontera como en Malí".