Una represa hidroeléctrica está en medio de la lucha por el poder en Afganistán

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Kajaki Dam (Afghanistan) (AFP)

Perdida en el corazón de un territorio asediado por los talibanes, una de las represas hidroeléctricas más importantes de Afganistán está inmersa en una lucha de poder que simboliza la batalla entre el gobierno y los insurgentes.

La represa Kajaki, que abastece de electricidad a más de tres millones de personas en el sur del país, a incluyendo las ciudades de Kandahar y Lashkar Gah, está bajo control de las fuerzas gubernamentales, pero un compromiso extraordinario y sin duda inevitable, deja que los insurgentes cobren el servicio a una parte de los clientes locales.

Este tipo de acuerdo podría volverse más común con el retiro de las tropas estadounidenses, que deja a los funcionarios gubernamentales locales y comandantes talibanes obligados a buscar formas de convivir a regañadientes, mientras sus jefes no logran ponerse de acuerdo.

"No es nuestra decisión, ¿cómo podemos negarles la electricidad?", preguntó Ghulam Raza, ejecutivo de la firma turca 77 Construction, que trabaja para triplicar la capacidad de la represa.

Funcionarios de la planta dijeron a AFP durante una reciente visita que una quinta parte de la producción sera usada en los distritos de Kajaki, Sangin y Musa Qala, bajo control de los talibanes.

Estas áreas abarcan cientos de caseríos y poblados con miles de habitantes.

Los insurgentes cobran impuestos cada de mes a los pobladores por la electricidad que consumen, dijo Abdul Razak, quien tiene el título de gobernador de Kajaki, pero cuya autoridad alcanza apenas a las afueras de su oficina y algunos edificios cercanos a la represa.

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El acuerdo tácito no impide que los talibanes ataquen constantemente a los soldados que protegen la represa, y los civiles en el medio lo pagan caro.

"Esta electricidad cuesta demasiadas vidas", dijo el gobernador a la AFP.

- Una represa con historia -

Situada entre los barrancos rocosos que bordean el río Hemland, que irriga el sur de Afganistán en su trayecto de más de 1.000 km, la represa Kajaki fue construida en la década de 1950 y su historia sigue de cerca la historia del país.

Mientras Estados Unidos continúa retirando sus fuerzas después de 20 años de conflicto, la seguridad en la zona adyacente a la represa es un presagio de lo que podría esperar el país.

La represa fue construida por una empresa estadounidense para controlar el flujo de agua a los agricultores, y fue reformada en 1975 por la cooperación de Estados Unidos antes de ser abandonada durante cuatro años cuando los tanques soviéticos ingresaron a Afganistán, en el inicio de una ocupación de casi una década.

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Tras la caída de los talibanes en 2001, ingenieros extranjeros intentaron concluir la obra con la instalación de una tercera turbina, pero desistieron.

El gobierno afgano contrató entonces a 77 Construction, que instaló la tercera turbina y espera concluir una segunda planta el próximo año.

- A dos bandas -

Las dificultades para realizar cualquier proyecto de desarrollo en un terreno tan escabroso y rodeado de fuerzas hostiles, son evidentes.

"Dependemos totalmente de los helicópteros", comentó a la AFP el ejecutivo turco Adel Kiayani.

Aún así, cientos de toneladas de material de construcción y equipos deben llegar en camiones, y los empleados locales de la represa, venidos en su mayoría de áreas bajo control talibán, requieren de dos permisos.

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"Tengo un papel de los talibanes y un carné de identidad del gobierno", dijo el trabajador Mohamed Akbar.

El mecánico Mohamed Daud también cruza regularmente la línea del frente, que a su juicio se ha vuelto cada vez más peligrosa.

"Antes tardaba 10 minutos, pero debido a la inseguridad ahora tardo cuatro horas. Estoy muy asustado", declaró.

Otro trabajador, Sardar Mohamed, recordó cómo un compañero suyo murió camino al trabajo cuando agentes del gobierno comenzaron a disparar desde una colina cercana.

- En la línea del frente -

Funcionarios de la empresa turca de construcción saben que su situación es mejor que la de los soldados que los resguardan.

"A los talibanes (...) les gustan los proyectos porque benefician a toda la gente", dijo Abdel Badloon, encargado de logística de la empresa.

El peligro de que los desarrolladores abandonen el sitio si los talibanes se apoderan de la represa podría explicar por qué los insurgentes no intentan tomarla.

Pero no le dan tregua a las fuerzas de seguridad, que deben desplazarse a pie desde la represa a sitios alejados.

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"Si te alejas 10 metros del camino, te disparan", advirtió el comandante militar Nazar Andrabi.

En un puesto de vigilancia sobre una colina, los soldados ofrecen un telescopio para mirar al territorio controlado por los talibanes.

En el lugar, todo parece pacífico, los niños juegan fútbol y los agricultores trabajan la tierra. Hasta que cae la noche, cuando comienzan los disparos.

En otro puesto, el comandante Abdul Razeq señala el punto donde dos meses antes su cuñado murió por disparos de francotiradores.

- "Cuando un niño se enferma, muere -

Entre la represa y la línea de frente está Tange, un poblado comercial en gran parte destruido por los enfrentamientos y ahora parcialmente abandonado.

Entre los escombros de los edificios de barro permanecen menos de 30 familias y solo abren unas pocas tiendas, incluyendo una panadería que abastece a las fuerzas armadas.

Solo puede recibir harina por helicóptero, y otros bienes escasean, como el aceite de cocina y el arroz.

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"A veces no comemos por dos o tres días", se lamenta Kamal, un poblador y expolicía herido en combate.

"Cuando un niño se enferma, muere porque no tenemos medicina ni un médico", comentó

"Seguimos esperando que la situación mejore, pero solo empeora", se quejó la panadera Agha Lala.