La difícil repatriación de familias de yihadistas a Mosul, en Irak

Niños en el campo de desplazados de Al Jadaa, en el distrito de Qayara en Irak, el 11 de febrero de 2021
Niños en el campo de desplazados de Al Jadaa, en el distrito de Qayara en Irak, el 11 de febrero de 2021 Zaid AL-OBEIDI AFP
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Mosul (Irak) (AFP)

La repatriación en la oscuridad de la noche en Irak de unas 90 familias vinculadas con el grupo yihadista Estado Islámico (EI) reavivó las pesadillas de muchos habitantes de la región de Mosul, martirizada durante tres años por esta organización responsable de una violencia salvaje.

Tras un acuerdo con la coalición internacional anti-EI, las autoridades de Bagdad tuvieron que aceptar el regreso el martes de estas familias (unas 300 personas) que habían huido hacia el campo de Al Hol, en el noroeste de Siria, para escapar a las represalias de la población iraquí.

Es la primera vez que familias iraquíes vinculadas al EI son repatriadas desde este campo --una auténtica ciudad de carpas donde están retenidos familiares de los yihadistas-- hacia su país desde que Irak proclamó la "victoria" contra el grupo yihadista a fines de 2017, tras arduos combates.

"Estamos totalmente en contra de su regreso, es imposible coexistir con ellos ya que mantienen sus ideas extremistas", dice Omar, un militar de 28 años que dice querer vengar a su padre, asesinado por el EI.

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"¿Cómo se puede aceptar que vuelvan cuando tanta gente llora al menos a un familiar, desaparecido luego de haber sido detenido por el EI y cuyo cuerpo no se ha encontrado?", espeta.

Las familias repatriadas fueron trasladadas, con escolta del ejército iraquí, hacia Qayara, al sur de la ciudad de Mosul, donde se encuentra el campo de Al Jadaa que acoge ya, en dos zonas separadas, a cerca de 7.500 desplazados y a familias de yihadistas, según el ministerio de los Desplazados.

El director administrativo del distrito de Qayara, Salah Hasan al Jubburi, quiere tranquilizar. Estas familias "no representan un peligro para la seguridad, aunque comprendo el rechazo popular porque los recién llegados vienen de Al Hol".

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Según él, la mayoría de los repatriados son mujeres y niños y la práctica totalidad son oriundos de la provincia de Al Anbar, en el oeste del país, que fue un feudo del EI.

"Solo hay cuatro o cinco familias oriundas de Nínive", la provincia de la que Mosul es capital, precisa.

- "Bombas de relojería" -

Esto no tranquiliza mucho a Omar: "Nuestro futuro es sombrío y peligroso ya que estos yihadistas van a vivir cerca de nosotros. Son bombas de relojería".

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Ali Bayati, miembro de la Comisión de Derechos Humanos de Irak, culpa de la preocupación de los habitantes a la "falta de transparencia" de las autoridades.

"Nadie sabe si esta gente ha sido interrogada y si ha sido investigada".

Según él, "antes de aceptarlos, hubiera sido necesario asegurarse de que ninguno es objeto de una inculpación o de que haya cometido un crimen".

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La ministra de Inmigración, Ivane Faeq, estima que "es deber del Estado recibir a los iraquíes repatriados e instalarlos en campos existentes, antes de integrarlos en sus lugares de origen".

Militante de derechos humanos y oriundo de Mosul, Omar al Huseini, duda: "El gobierno debe ser prudente ya que estas familias han pasado cinco años en el campo de Al Hol", bajo la influencia de yihadistas.

"¿El Estado es capaz de integrarlos y sobre todo proteger a la sociedad? Me lo pregunto", dice.

Tres años después de la proclamación de la "victoria" de Irak sobre el EI, unos 1,3 millones de iraquíes siguen desplazados en su país. El 20% vive en campos, según la ONU.

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Las autoridades iraquíes han acelerado considerablemente desde octubre el cierre de estos campos, pero muchos desplazados no han podido regresar a sus casas, según la Organización Internacional para las Migraciones, pues a menudo están acusados de pertenecer al EI.