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Ginebra II

El escepticismo rodea el inicio de la conferencia de paz sobre Siria

Algunos de los actores de Ginebra II: Lakhdar Brahimi, John Kerry, Ban Ki-moon y Sergueï Lavrov, Montreux, martes 21 de enero de 2013.
Algunos de los actores de Ginebra II: Lakhdar Brahimi, John Kerry, Ban Ki-moon y Sergueï Lavrov, Montreux, martes 21 de enero de 2013. REUTERS/Gary Cameron
Texto por: RFI
10 min

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, inauguró este 23 de enero la conferencia de paz sobre Siria en Suiza. A pesar de reunir por primera vez a los representantes del régimen sirio y de la oposición en el exilio, Ginebra II no suscita grandes expectativas porque las posiciones de los dos bandos están muy alejadas.  

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Escuche el informe con nuestro corresponsal Juan Carlos Tellechea:

Ban abrió este miércoles la sesión en la localidad suiza de Montreux ante los representantes de unos cuarenta países y organizaciones, entre los que destacan los jefes de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov, y de la estadounidense, John Kerry. El secretario general de la ONU pidió al régimen sirio y a la oposición en el exilio que aprovechen “la gran oportunidad” de la conferencia de paz de Ginebra II que comenzó este miércoles en la ciudad suiza de Montreux.

“Después de casi tres dolorosos años de conflicto y de sufrimientos en Siria, hoy es un día de esperanza”, declaró Ban en su discurso ante los representantes de unos cuarenta países y organizaciones. Este optimismo no es compartido, entre otros, por el presidente de Irán, Hasan Rohani, cuyo país no estará presente en la conferencia por presiones de la oposición siria. Rohani afirmó: “Todos los señales muestran que no podemos tener muchas esperanzas de que la conferencia Ginebra II encuentre una solución a los problemas del pueblo sirio y a la lucha contra el terrorismo”.

Irán, principal aliado regional del régimen del presidente sirio Bashar al Asad, califica a los miembros de la oposición siria de “terroristas” y acusa a las monarquías del Golfo, a Turquía y a los países occidentales de armar y financiar a los rebeldes.

Después de tres años de protestas que derivaron en guerra civil, representantes del régimen sirio y de la oposición en exilio se reúnen bajo los auspicios de las grandes potencias, en un primer intento de poner fin al conflicto sirio. Sobre el papel, las posiciones de los dos campos “enemigos” son irreconciliables. La oposición reclama la salida de Bashar al Asad, en el poder desde 2000. Damasco quiere promover por su parte la “lucha contra los terroristas” y advierte: el destino del presidente es una “línea roja”.

Los diplomáticos no se hacen ilusiones y avisan de que el diálogo será largo y laborioso. En un primer momento, la comunidad internacional debería buscar resultados tangibles: suministro de ayuda humanitaria, obtención de un alto el fuego localizado en Alepo o intercambio de presos.

“No hay que esperar pasos importante los próximos días”, indicó el ministro británico de Relaciones Exteriores, William Hague, al llegar a Montreux. “No obstante, cuando la diplomacia se pone en marcha, se pueden conseguir cosas, ya lo hemos comprobado con otros asuntos, sobre todo el expediente nuclear iraní”, añadió el responsable británico.

Para Burhan Ghaliun, opositor desde hace muchos años y presente ahora en Montreux, “hay que dejar de lado los sentimientos y hacer que prevalezca la razón”. “Si existe un 10% de posibilidades de realizar progresos en interés del pueblo sirio, ya será buena cosa”, estimó.

 

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