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Oriente Medio

Mosul, un año bajo el yugo del grupo Estado Islámico

Un combatiente del grupo Estado Islámico, el 11 de junio de 2014, en un retén de Mosul.
Un combatiente del grupo Estado Islámico, el 11 de junio de 2014, en un retén de Mosul. REUTERS/Stringer
Texto por: RFI
3 min

Hace un año, el 10 de junio de 2014, los combatientes de la organización Estado Islámico se apoderaban de Mosul, la segunda ciudad más importante de Irak. Con este golpe, la organización yihadista accedía a un poderío militar y político de primera plana. Un año después, el millón de habitantes que permaneció en el lugar, la mitad de la población, vive cotidianamente bajo la dominación de los islamistas.

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La mitad de los dos millones de habitantes que contaba Mosul partió un año atrás ante la inminencia de la llegada de los combatientes del Estados Islámico (EI). Otros intentan aún hoy partir, traumatizados por la violencia que ejercen los yihadistas.

 
“Cuatro días atrás, arrojaron a tres jóvenes desde lo alto de un edificio de seis pisos”, explicó a RFI un habitante de Mosul que acaba de abandonar la ciudad. “Nadie sabe por qué lo hicieron, aterrorizan a la población, hacen que la gente viva con miedo para que nadie se rebele”, agregó.

Los dirigentes de EI han instaurado un clima de miedo y de vigilancia sistemática para eliminar toda voz disidente, pero también para imponer un respeto estricto de la ley coránica en el espacio público. “Existen brigadas, incluso de mujeres, cuya labor consiste en hacer respetar esta 'islamicidad' aparente en la calle”, explica Moussa Bourkba, investigador del CIDOB, el Centro de Barcelona para las Relaciones Internacionales.

Alianzas tribales

Más allá de esta vigilancia sistemática de cada movimiento de los habitantes de Mosul, los dirigentes del EI han logrado poner en pie un embrión de Estado logrando en alguna medida mantener la mayoría de los servicios públicos básicos. Para hacerlo, mantuvieron el aparato administrativos preexistente, sacándose de encima sólo a los responsables que eran juzgados demasiado cercanos al gobierno central.

“También trataron de dar parte de la autoridad a los responsables locales que antes no lo detenían”, asegura Bourkba. “Y a establecer alianzas con las tribus sunitas que habían sido excluidas de las instancias dirigentes. Esa dinámica funciona sobre todo en una población sunita que percibía muchas veces al ejército y al régimen como dominados por los chiítas, e impuestos por los Estados Unidos”.

En Mosul, EI sobre todo logró usar el rencor acumulado desde hace una década por la población sunita contra el gobierno central. Esta capacidad política para gestionar después de un éxito militar sorprendió a más de un observador. Tampoco se lo esperaba ni el gobierno central y la coalición liderada por Estados Unidos. Y explica sin duda que un año después de la caída de Mosul, esta organización tiránica y ultraviolenta lograra conservar sus territorios, e incluso conquistar nuevos.

 

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