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Enfoque Internacional

La mezquita de Santa Sofía, entre emoción musulmana y preocupación de la UNESCO

Audio 02:41
Oración de la tarde en la Gran Mezquita de Santa Sofía en Estambul, Turquía, el 26 de julio de 2020.
Oración de la tarde en la Gran Mezquita de Santa Sofía en Estambul, Turquía, el 26 de julio de 2020. REUTERS - MURAD SEZER
Por: Andrés Mourenza (Turquía)
6 min

La ex basílica Santa Sofía es ya una mezquita. El viernes pasado se llevó a cabo el primer rezo, al que asistió RFI, en el interior de la que fuera basílica bizantina y, hasta hace unas semanas, museo. Fue un rezo multitudinario con la presencia del presidente turco Recep Tayyip Erdogan.

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Decenas de miles de personas, hasta 350.000 según las autoridades turcas, se congregaron en el exterior del templo el pasado viernes y extendieron en calles y plazas sus alfombras de oración para acompañar la plegaria.

Habían venido de todos los rincones del país, como Huseyin, llegado desde Ankara, según quien “es un día muy importante para nosotros, para todos los musulmanes. Es una resurrección del islam”.

Emoción de los musulmanes

La emoción que supone este momento para los más creyentes sólo se entiende teniendo en cuenta la historia y la simbología del monumento. Inaugurada por el emperador Justiniano en el año 537, se mantuvo como catedral cristiana hasta 1453, fecha en que los turcos otomanos tomaron Constantinopla, hoy Estambul, y convirtieron Santa Sofia en su principal mezquita.

En cambio, en 1934, el fundador de la Turquía laica, Mustafa Kemal Ataturk, decidió convertirla en museo para preservar el legado de ambas religiones. Una decisión que enojó a los más islamistas.

Necip Fazil Kisakürek, uno de los poetas turcos más influyentes del siglo XX, decía que un día, Santa Sofía sería reabierta al culto musulmán, porque mantenerla cerrada significaba encadenar a los creyentes.

Kisakurek no era sólo un poeta, también fue un ideólogo islamista del que el actual presidente turco Recep Tayyip Erdogan se considera discípulo. Así que se entiende que la noche en que decretó la conversión de Santa Sofía en mezquita, Erdogan apenas pudiese dormir, tal era la emoción que lo embargaba.

Santa Sofía es un importante símbolo. Muchos islamistas la definen como un trofeo de la conquista, de la victoria otomana sobre Bizancio, de la victoria del islam en estas tierras sobre el cristianismo. Entonces, para Nursin, una estudiante turca de 20 años, “es una gran victoria para nosotros. Y el hecho de que enfade a nuestros enemigos me hace muy feliz”.

Preocupación por el arte

Pero precisamente esta retórica inquieta mucho a quienes pretenden conservar los tesoros artísticos del interior de Santa Sofía. Tugba Tanyeri, académica de la Universidad de Pittsburgh y especialista en conservación del legado religioso, estima que “esta retórica crea un momento complicado, en el que puede ser difícil controlar a las masas dentro del monumento. Así que me preocupa que pueda haber actos de vandalismo”.

Por el momento los mosaicos han sido cubiertos con sábanas y cortinas y permanecerán tapados durante la oración, y descubiertos durante el horario de visitas. Pero la UNESCO ya ha mostrado su preocupación por el estado de conservación de un edificio Patrimonio de la Humanidad, y en su próxima reunión podría tomar medidas, como poner Santa Sofía en la lista de monumentos en riesgo.

 

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