IRAK

Para muchos iraquíes, enfermarse con Covid-19 es un castigo

Un iraquí lleva una mascarilla con la imagen de Qasem Soleimani, un general iraní asesinado hace un año por Estados Unidos en Irak.
Un iraquí lleva una mascarilla con la imagen de Qasem Soleimani, un general iraní asesinado hace un año por Estados Unidos en Irak. REUTERS - ABDULLAH DHIAA AL-DEEN
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En total, casi 610.000 personas fueron infectadas desde la llegada del coronavirus a Irak en febrero de 2020. Según las autoridades, se superarán pronto las 13.000 muertes.

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Con Lucile Wassermann, corresponsal de RFI en Bagdad.

En Irak, las cifras de infecciones están seguramente subestimadas. Pero no se debe a una voluntad del Gobierna de ocultarlas, sino al estigma asociado a la enfermedad en el país, que hace que muchas personas no dicen que están enfermas.

Miedo a la cuarentena

Una gran proporción de iraquíes considera que si una persona está contaminada es porque no se ha comportado de manera ejemplar o, en términos más religiosos, porque ha pecado.

También existe un miedo a la cuarentena y a morir solo porque los vínculos, y en particular los deberes familiares, son extremadamente fuertes. Por ejemplo, ser un hombre y estar en cuarentena significa no poder proteger a su esposa e hijos y, por lo tanto, no cumplir con su deber familiar. Y morir aislado significa que la familia no puede preparar el cuerpo del difunto ni seguir ritos religiosos extremadamente estrictos.

Todo esto es inaceptable para muchos iraquíes que, por lo tanto, prefieren ni siquiera hacerse el test.

Desconfianza en las autoridades

El sistema sanitario es extremadamente pobre en Irak, casi inexistente. Muchas personas se niegan a ir a ver a un médico, pensando que será inútil o incluso que empeorará su situación, porque es muy probable que los hospitales estén contaminados por los pacientes que ya están allí.

También existe un temor a las autoridades. Durante las manifestaciones de octubre de 2019, hubo varios secuestros en los hospitales, que sirvieron como engaños para atacar a los oponentes políticos.

Además, las autoridades sanitarias recibieron la ayuda de las fuerzas de seguridad en la calle para manejar la pandemia, y para muchos iraquíes, estas fuerzas representan la represión, o incluso les recuerdan la época de Sadam Huseín. Con este clima de desconfianza, es difícil gestionar la crisis en buenas condiciones. 

 

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