Oriente Medio

La sequía en Irak pone en jaque a los habitantes y al sector agrícola

Una vista aérea muestra los restos de la aldea sumergida Gary Qasruka, abandonada hace 36 años, que han resurgido tras un gran descenso del nivel de agua de la presa de Dohuk debido a la sequía, en la ciudad norteña iraquí de Dohuk, en la región autónoma kurda, el 4 de noviembre de 2021.
Una vista aérea muestra los restos de la aldea sumergida Gary Qasruka, abandonada hace 36 años, que han resurgido tras un gran descenso del nivel de agua de la presa de Dohuk debido a la sequía, en la ciudad norteña iraquí de Dohuk, en la región autónoma kurda, el 4 de noviembre de 2021. AFP - ISMAEL ADNAN

Irak es uno de los países más vulnerables al cambio climático. Y el norte del país --desde la región autónoma del Kurdistán hasta la llanura de Nínive-- sufre una sequía que golpea duramente a los habitantes y al sector agrícola.

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Con nuestro corresponsal en la región, Andrés Mourenza, y AFP.

Los ríos Tigris y Éufrates permitieron el nacimiento de la civilización urbana hace 6.000 años pues sus aguas hacían fértiles las tierras de una zona mayormente árida o incluso desértica.

Pero el caudal de estos ríos es cada vez menor, debido a la falta de lluvias y las temperaturas registradas en el último año, y también por la construcción de embalses en lo alto de su curso o en sus afluentes en Turquía y en Irán.

En varias zonas de Irak, Turquía y Siria las cosechas de este año han sido un 70 % menores, encareciendo el precio de los alimentos. Y muchos ganaderos han tenido que vender sus animales o sacrificarlos porque no tienen suficiente agua para darles de beber. Esto está generando desplazamientos de población por ejemplo en Iraq, un país que tiene millones de desplazados por los conflictos de las últimas dos décadas.

“La situación es desesperada para ellos”, dice a RFI Samah Hadid, del Consejo de Refugiados Noruego. “Están abandonando sus tierras de cultivo porque no pueden operar en el sector agrícola y se están trasladando a ciudades y zonas urbanas para buscar otros trabajos”.

En el norte de Siria, dividido entre diferentes bandos de la guerra civil, la falta de agua y la retención de parte del caudal del Éufrates por Turquía, ha provocado que tres plantas hidroeléctricas dejen de funcionar o lo hagan al mínimo y que tres millones de personas dejen de tener acceso a agua potable, con graves consecuencias para la salud.

“Lo que estamos viendo es un aumento de las enfermedades en relación al agua: diarreas, enfermedades de piel, sarna, y algunos tipos de hepatitis que están vinculadas directamente al agua” dice a RFI Franciso Otero Villar, de Médicos sin Fronteras.

Las ONG y las agencias de ayuda humanitaria que trabajan en la zona han advertido de que si este otoño y el invierno no llueve lo suficiente, más de 12 millones de personas podrían perder sus medios de subsistencia, lo que generaría nuevas olas de desplazados y refugiados, en este caso no por conflictos sino de origen climático.

La sequía hace resurgir un pueblo sumergido bajo el agua

Los restos del pueblo de Guiri Qasrouka, en el Kurdistán iraquí, que quedó sumergido bajo las aguas de una represa hace 36 años, han reaparecido repentinamente por el descenso del nivel del agua, provocado por la sequía.

La represa, situada a dos kilómetros al norte de la ciudad de Dohuk, se construyó a partir de 1985 y obligó a los habitantes de Guiri Qasruka a abandonar el pueblo. Desde entonces, estaba bajo el agua, que se utiliza para regar las tierras agrícolas de la región.

Pero "debido a la sequía" el nivel del agua bajó siete metros en septiembre en comparación con el mismo periodo del año pasado, liberando los restos del pueblo, explica Farhad Taher, responsable de la represa.

"Toda el agua de la represa procede de la lluvia, que ha sido muy escasa este año", dijo. "Tres veces en el pasado, en 1992, 1999 y 2009, los restos de Guiri Qasruka reaparecieron cuando el nivel del agua bajó bruscamente.

"Este fenómeno está ciertamente relacionado con el cambio climático", añadió Taher.

Ahora los restos de Guiri Qasruka pueden visitarse en tierra firme, incluida una casa cuyos muros de piedra siguen en pie.

Antes de quedar sumergido, el pueblo había sido el hogar de unas 50 familias kurdas de la tribu Doski desde la década de 1970.

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