Enfoque Internacional

A pesar de los riesgos que conlleva, la Covid-19 es un problema menor en Siria

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Unas personas compran en un distrito comercial de la ciudad de Qamishli, en el noreste de Siria, el 9 de marzo de 2021.
Unas personas compran en un distrito comercial de la ciudad de Qamishli, en el noreste de Siria, el 9 de marzo de 2021. AFP - DELIL SOULEIMAN

En Siria se cumplen esta semana 10 años desde el inicio de la guerra, un conflicto que continúa y que ha devastado al país por el número de muertos, los desplazados y la destrucción de buena parte de sus ciudades. A esto se agrega desde el año pasado la crisis por la pandemia de la Covid-19, pero ante los enormes desafíos que enfrentan población y autoridades, la situación sanitaria parece ser un problema menor.

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Con nuestra enviada especial al norte de Siria, Catalina Gómez Ángel.

El humo que emana de la pipa de agua, o la shisha, impregna uno de los cafés más concurridos de Qamishli, la principal ciudad de mayoría kurda del noreste de Siria. En las mesas varios hombres juegan partidas de póker mientras beben espesos cafés árabes impregnados por el olor a cardamomo.

Aquí nada hace pensar que estamos en época de pandemia. Nadie lleva tapabocas, la distancia social es mínima y el local está poco aireado. Pero los dueños no tienen otra alternativa.

“Pedíamos a los clientes que usaran la mascarilla, pero muchos de ellos mostraron que no estaban contentos”, dice a RFI el propietario del café Maurice Saliba. “No podemos forzarlos a usar el tapaboca”, agrega.

La escena que se vive en este café, se repite en las ciudades del noreste de Siria, región administrada por las Fuerzas de Siria Democrática, donde parece que la pandemia no existiera. Pero no siempre fue así.

“Al comienzo, hace un año, la administración regional estaba preocupada porque la Covid-19 podía venir de afuera. Cerraron las fronteras completamente y también hubo un toque de queda completo”, cuenta a RFI la periodista Khabat Abbas.

Presión económica

Con los meses, la población dejó de creer en el encierro y la presión económica se hizo mayor. En el último año el rial se ha derrumbado y la pobreza se multiplica. Esto tuvo un gran impacto en una sociedad que ha vivido rodeada por la muerte en la última década.

“La gente se cansó”, dice Abbas, “y tampoco hay nadie que vaya a apoyar económicamente a esas personas que lo necesitan”.

“Ha sido muy difícil cubrir las necesidades básicas de la población, especialmente en las regiones que están bajo reconstrucción, como Raqqa”, explica a RFI Leila Mustafa, codirectora del consejo administrativo de Raqqa. “Todos estos problemas han tenido un gran impacto en la vida de la ciudad”, prosigue.

En Raqqa, el número de fallecidos no supera los 30, pero Leila reconoce que es difícil tener estadísticas claras.

“La gente está relajada actualmente porque el número de casos se ha reducido y porque a través de campañas hemos creado la cultura entre la gente para cuidarse”, subraya Mohamed Ahmed, integrante del consejo de salud de Raqqa.

Esta relajación en los protocolos no significa que la pandemia no exista. Cada una de las personas entrevistadas para este artículo ha pasado por la Covid-19 o conoce a alguien cercano que la padeció. Pero la vida en esta región es tan dura, que la pandemia slo es una amenaza más.

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