Enfoque Internacional

Roma, el desafío de enterrar a un familiar en tiempos de Covid

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Un familiar coloca flores a una tumba en el cementerio de Prima Porta, al norte de Roma, objeto de degrado y de denuncias de graves retrasos en sepultar a los muertos.
Un familiar coloca flores a una tumba en el cementerio de Prima Porta, al norte de Roma, objeto de degrado y de denuncias de graves retrasos en sepultar a los muertos. © RFI/Heriberto Araújo

El aumento de muertos por la Covid-19 ha dejado al descubierto las carencias de la capital italiana a la hora de gestionar sus servicios fúnebres. En Roma, la empresa pública encargada de enterrar o incinerar a los difuntos —AMA— no da abasto ante el aumento del 35% en el número de fallecidos. Así, a muchas familias no les queda otra sino esperar semanas o incluso meses para celebrar un funeral.

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En el cementerio romano de Prima Porta, el mayor de toda Italia, esta es la consigna que escuchan una y otra vez las familias de personas fallecidas: “Coja número, espere, y ya le llamaremos”.

Miríada de denuncias

Una de esas familias es la de Marcelo, quien acaba de perder a su padre. A inicios de mayo, Marcelo acude a Prima Porta para acompañar el auto fúnebre, que dejará el cadáver en el depósito del cementerio, pero sin saber cuándo podrá darle a su padre el último adiós.

“En el cementerio nos dicen: ‘Tranquilos, no va a pasar tanto tiempo’. Pero la realidad es que hoy no lo enterraremos, así que uno viene aquí y hay que dejar el cuerpo en el depósito. Y no se sabe cuánto tiempo estará”, se lamenta.

Área de lápidas en el cementerio de Prima Porta, al norte de Roma, donde desde hace años la policía investiga denuncias por corrupción.
Área de lápidas en el cementerio de Prima Porta, al norte de Roma, donde desde hace años la policía investiga denuncias por corrupción. © RFI/Heriberto Araújo

La dirección del cementerio y varios empleados rechazan hablar con RFI. Se respira un cierto ambiente de tensión por la miríada de denuncias. Familiares llevan semanas clamando contra los retrasos, y se han presentado denuncias ante los tribunales.

Hace unas semanas se creó una alarma pública cuando un diputado italiano escribió un Twitter quejándose de que llevaba esperando dos meses para enterrar a su hijo, lo que provocó indignación y un pedido de disculpas de la alcaldesa, Virgina Raggi. Otras familias, para alertar de la situación, incluso llegaron a colocar enormes paneles en edificios en los que se leía: “Perdona, mamá, no he podido enterrarte aún”.

Decenas de féretros

En el cementerio de Prima Porta de Roma, donde el año pasado hubo una operación policial contra la corrupción y el degrado es visible a simple vista, la situación más dramática, según varios relatos, se produce en el crematorio. A las puertas del recinto, diez containers refrigerados que habitualmente se usan para el transporte de alimentos han sido dispuestos de urgencia para almacenar decenas de féretros que esperan para ser incinerados. Un empleado, sin embargo, niega cualquier irregularidad.

Los containers a las puertas del crematorio del cementerio de Prima Porta, usados para almacenar féretros a la espera de ser incinerados.
Los containers a las puertas del crematorio del cementerio de Prima Porta, usados para almacenar féretros a la espera de ser incinerados. © RFI/Heriberto Araújo

“Es una situación normalísima, normalísima, señor. No hay nada… Hay algunos muertos más por la Covid, pero no es nada especial. La prensa ha escrito cosas, pero no tienen sentido”, dice, visiblemente contrariado por las preguntas de RFI.

En la zona de los nuevos entierros, las cosas se ven de otra forma. Masha perdió a su hermana el año pasado y acude a inicios de mayo para ponerle flores. Conteniendo las lágrimas, recuerda cómo tuvo que esperar 20 días para enterrarla. “No la pudimos sepultar el mismo día. Así que ver cómo una persona a la que quieres viene tratada como un número fue bastante doloroso… Y eso que tuvimos suerte”, explica.

Roma lleva años en el punto de mira por sus decadentes servicios públicos. Para muchos, la Covid es ahora la excusa perfecta para justificar la indiferencia ante la degradación y la corrupción.

La empresa pública encargada de enterrar o incinerar a los difuntos,AMA, asegura sin embargo que hace todo lo que puede y ha prometido una inversión en los próximos años de 55 millones de euros para responder a la creciente demanda de cremación en los 11 cementerios de Roma que gestiona.

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