Enfoque Internacional

Túnez: 'Todo estaba preparado para que la población aceptara cualquier alternativa populista'

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Tensión en el centro de la capital tunecina el 26 de julio tras el cierre del parlamento, ordenado por el presidente de la República. AFP - FETHI BELAID
Tensión en el centro de la capital tunecina el 26 de julio tras el cierre del parlamento, ordenado por el presidente de la República. AFP - FETHI BELAID AFP - FETHI BELAID

La tensión se intensifica en Túnez tras el golpe antiparlamentario del presidente Kais Saied. El mandatario suspendió las funciones del Parlamento y se otorgó todos los poderes ejecutivos para, dice, “salvar al país”. En la calle, las reacciones están divididas entre partidarios y adversarios del presidente.

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El domingo por la noche, mientras el pueblo tunecino manifestaba su hartazgo por la mala gestión de la crisis económica y sanitaria que azota al país, el presidente tunecino tomó una decisión tan radical como sorpresiva. El mandatario Kais Saied, quién goza aún de buena popularidad desde su elección en 2019, optó por suspender las sesiones parlamentarias por 30 días, destituyó al primer ministro y levantó la inmunidad de los diputados.

Sin dar más detalles sobre quien tomará la cabeza del gobierno, el presidente informó por Facebook que concentrará en sus manos todos los poderes ejecutivos y que tomó estas decisiones en virtud de la existencia de un peligro inminente en el país.

Aunque el presidente asegura que quiere actuar dentro del marco constitucional, este golpe antiparlamentario sacude la joven democracia tunecina edificada tras la caída del dictador Ben Ali en 2011.

Tras la suspensión de las sesiones parlamentarias, se registraron enfrentamientos entre partidarios y rivales del presidente Saied. Varios enfrentamientos sacudieron este lunes 26 de julio las inmediaciones del Parlamento tunecino. El ejército también rodeó la sede de la presidencia del gobierno, la Kasbah, e impidió la entrada de sus trabajadores.

Los sucesos políticos del domingo constituyen el punto culminante de un pulso político entre el mandatario y la coalición de tres partidos que dominan el Parlamento. Una rivalidad que ha llevado a la parálisis política en un contexto de crisis económica y sanitaria, con una tasa muy elevada de muertos por Covid-19.

RFI conversó con Ridha Tlili, profesor de historia en la universidad de Túnez y politólogo.

RFI: ¿Cómo se ha llegado a tal nivel de enfrentamiento entre la presidencia y el Parlamento?

Ridha Tlili: El contexto es el de una gestión dramática, catastrófica, de la economía y de la epidemia de Covid-19 (Nota del editor: Con casi 18.000 muertos por coronavirus, el país de 12 millones de habitantes presenta una de las peores tasas de mortalidad del mundo.)

La mayoría de la población está harta de esta situación. Segundo, el presidente se siente más legítimo que los partidos del Parlamento. El presidente Saied ha recibido casi 3 millones de votos mientas que Ennahdha y los partidos que forman mayoría en el Parlamento han recibido menos de 400.000 votos. Todo estaba preparado para que la población aceptara cualquier alternativa populista y militar. Desgraciadamente los servicios públicos, sobre todo a nivel de la salud, han fracasado. El ejército participa cada vez más en varias áreas. El presidente llama a la cogestión con los militares en varias instituciones. En el marco de la pandemia, el ejército ha penetrado casi a todas las administraciones.

RFI: El partido Ennahdha, la formación islamista que domina el parlamento desde el regreso a la democracia, califica el gesto del presidente de “golpe de Estado contra la Revolución y la Constitución”. ¿Qué se dice en Túnez al respecto?

Ridha Tlili: La mayoría de la población apoya al presidente y considera que [la suspensión del Parlamento] es la única manera de salir de la crisis política y económica.

Para gran parte de la población, Ennahdha (que gobernó de 2011 a 2014 y que dispone de una mayoría relativa en el Parlamento desde 2016) ha traicionado el proyecto de "Revolución para la creación de una República democrática y social". Los jóvenes lo dicen en todos los cafés. Consideran que el “traidor merece irse del poder”. Los intelectuales y las organizaciones de la sociedad civil consideran en cambio que el presidente malinterpretó el Artículo 80 de la Constitución (que permite suspender el Parlamento en caso de peligro inminente). Las condiciones de aplicación del Artículo 80 no existen actualmente.

De mi punto de vista, todo está muy confuso. El presidente aún no ha designado a un nuevo primer ministro ni a un gobierno. Si no lo hace, la lucha por el poder se va a agravar en las calles. Esto muestra también que el presidente y los que lo apoyan no tienen una visión clara de qué alternativa proponer para el poder legislativo. Hay un cierto amateurismo político.

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