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Chile: Un año del estallido social que puede terminar con la Constitución de Pinochet

Audio 05:21
Protesta contra el gobierno de Chile el 16 de octobre de 2020. El movimiento social chileno que surgió tras el anuncio del aumento del precio del transporte cumple un año.
Protesta contra el gobierno de Chile el 16 de octobre de 2020. El movimiento social chileno que surgió tras el anuncio del aumento del precio del transporte cumple un año. © AP - Esteban Felix
Por: Angélica Pérez
10 min

Hace un año, los jóvenes chilenos dieron un salto a las taquillas del metro hacia una sublevación ciudadana, no solo contra 30 pesos de aumento del boleto sino contra 30 años de profundas desigualdades. RFI estuvo este domingo en la celebración de este aniversario en la rebautizada Plaza Dignidad de Santiago de Chile.

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De nuestra enviada especial a Santiago de Chile, Angélica Pérez

“¡Chile despertó!”.  Lo hizo el 14 de octubre de 2019 cuando los estudiantes de secundaria saltaron los barrotes del metro en protesta por el aumento de 30 pesos a la tarifa para adultos del transporte público. En cosa de horas, ese salto se transformó en un estallido social que despertó a los padres de un adormilamiento prolongado por mas de tres décadas. 

El mundo se enteró, si no es que lo sabía pero se negaba a verlo, de que el llamado "milagro chileno" esconde, desde hace varios lustros, a millones de familias que naufragan en su trepidante subsistencia. 

A partir de ese despertar -y pese a la represión, la pandemia y la hecatombe económica en que se ha convertido la crisis sanitaria- ciudadanos comunes y corrientes se manifiestan cada viernes en la Plaza Italia a la que ellos rebautizaron Plaza Dignidad. 

Este domingo, llegaron por miles en una marea humana con colores y banderas diversas en las que brillan por su ausencia las insignias de partidos tradicionales, incluidos los de la izquierda.

Catalina y Fernanda, madre e hija, hacen parte de esa revuelta social que ha corrido el cerco de lo imposible, pero que organizaciones y movimientos sociales venían prediciendo: un cambio estructural que empieza por acabar con la Constitución heredada por la Dictadura de Augusto Pinochet y que ha regido los destinos del país en las tres décadas de democracia.

“Hoy vine con mi mamá, luchando por el apruebo, para que podamos tener una vida mejor que la que tenemos ahora que está bastante mal. Estamos luchando por nuestros derechos, no mas”, afirma Catalina.

Y agrega la madre: “Hay que empezar de cero para luchar por conseguir todo lo que nos falta: educación, salud , agua potable. Llevamos años de lucha en este país. Ya derrotamos una dictadura, cómo no vamos a derrotar esto”.

Los diferentes prismas del movimiento social sobre el "Apruebo"

Las miradas y las expectativas de este variopinto movimiento social  frente al plebiscito constitucional son diversas. Los hay firmes pero cautelosos como Aprobin, un joven disfrazado de papeleta de voto que representa a Casa Común, iniciativa ciudadana que defiende y promueve el voto por el "apruebo" en el plebiscito pero como un paso que debe estar impajaritablemente respaldado  por la movilización social.

Es un triunfo derrocar la Constitución de Pinochet por la vía constitucional. Ahora, en términos sociales, nos falta mucho. Pero es un primer paso. Y lo importante es seguir luchando por la justicia y la verdad. Tenemos una tremenda oportunidad como sociedad, de empezar a construir un nuevo país. ”.

Andrea Figueroa, hace parte del abanico feminista que, junto a otros sectores sociales, lidera este proceso hacia las urnas en las que cerca de 14,7 millones los chilenos responderán “apruebo o rechazo” a la pregunta “¿Quiere usted una nueva Constitución?”: “Apruebo la convención constitucional, por favor. Es la única forma que tenemos de cambiar este país” dice sin titubeos.

Marcelo OSSES,  en cambio, acompaña este proceso a fondo desde Radio Dignidad, la emisora del estallido social, pero no participará en la votación del 25 de octubre porque  considera que el "Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución"  negociado  en el congreso un mes después de la revuelta de octubre,es un pacto de élites que deja por fuera al pueblo.

El activista denuncia que la fórmula de la Convención constitucional, fruto de ese acuerdo, solo permite la elección de 155 convencionistas que provengan  de los partidos de la derecha y la Concertación y, solo en casos excepcionales, habrá cupos para las organizaciones sociales que hacen parte de esos partidos.

“Los que pueden participar son los partidos políticos inscritos que son los mismos: de la derecha y de la Concertación. La posibilidad de que un independiente fuera de lista, que alguien de las bases sociales tenga alguna voz, es nula”, lamenta Osses.

Raul Chihuyan, un mapuche que vino con toda su familia a celebrar el aniversario del estallido social, tiene claro que votará “ apruebo ” en el plebiscito, pero teme que la nueva carta de navegación de los chilenos quede en manos de la misma clase política “déspota” que “solo pensó en las últimas 5 décadas en favorecer a un puñado de individuos”.

“Seguimos cayendo en lo mismo: preparar todo en la mesa chica. Y cuando uno prepara todo en la mesa chica simplemente estamos generando una nueva Constitución, pero se la vamos a entregar a ellos mismos", dice con recelo este manifestante perteneciente a ese pueblo originario chileno que reclama desde hace años una Nueva Constitución que consagre la libre determinación indígena, los territorios indígenas y la plurinacionalidad del Estado

Raul tenía la misma edad de su hijo que hoy lo acompaña cuando vio a sus padres votar entusiastas en el plebisicto que un octubre como este, hace 32 años, le dijo NO a la dictadura. En ese momento histórico la gente creyó y coreó  "Chile, la alegría ya llega".

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