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Ancianos etíopes refugiados en Sudán anhelan volver a su hogar

3 min
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Um Raquba (Sudan) (AFP)

En medio de los combates en la región etíope de Tigré, Asafu Alamaya, ciega y débil, suplicó a sus hijas que huyeran con sus familias al vecino Sudán y la dejaran morir en su casa.

Pero para sus hijas era impensable abandonar a su madre, de 80 años, en su ciudad natal de Humera, donde las fuerzas del gobierno central lanzaron una ofensiva para expulsar a los dirigentes del Frente de Liberación del Pueblo Tigré (TPLF).

En su huida bajo las bombas, se fueron alternando con otros refugiados para llevarla de la mano o sostenerla cuando se caía, hasta llegar al río Sitet que separa Etiopía de Sudán. Lo cruzaron juntas.

Asafu Alamaya, ciega desde hace cinco años, vive ahora en una chabola hecha de lonas de plástico y madera, en el campamento de refugiados de Um Raquba, en el este de Sudán, en la frontera con Tigré.

Cada día llora. En su casa, a la que quiere volver pese a su estado, se sentía segura, dice.

"El camino fue muy difícil. Pero mis hijas me ayudaron, me trajeron hasta aquí", explica la octogenaria, con un vestido blanco y marrón.

- Vivir o morir juntos -

Hace cuatro décadas, fue ella la que llevó de la mano a sus hijas hasta Um Raquba para huir del hambre en su país.

En este gigantesco campamento, insalubre, donde se hacinan desde noviembre 15.000 refugiados procedentes de Tigré, esta mujer depende totalmente de sus hijas.

"A mi edad, no debería estar aquí. Sólo soy una carga para mis hijas. Si estuviera en casa, no necesitaría a nadie", dice a la AFP, mientras acaba su comida.

Su hija, Sandayo Saggai, de 47 años y madre de siete hijos, está sentada a su lado.

"Es nuestra madre. Nos dio el pecho, nos crió. No podíamos dejarla. Nos dijimos: si llega a destino, mejor, si muere en el camino, nosotros, sus hijos, la enterraremos. O vivimos juntos o morimos juntos", afirma.

Según la ONU, alrededor de un 4% de las más de 50.000 personas que huyeron de Tigré tienen más de 60 años.

Algunas de ellas, con más de 70 años, llegaron solas, tras haber perdido el contacto con sus familiares.

Um Raquba es un auténtico calvario para los mayores, como Walagabriel Sium, un campesino de 73 años, que tiene que hacer largas filas para conseguir comida y agua.

- "Lo tenía todo" -

Los precarios espacios para vivir están pensandos para familias y los que, como Walagabriel Sium, llegaron sin sus parientes, no obtienen rápidamente cobijo.

"Todo lo que quiero es un colchón para dormir y agua para beber".

Desde que llegó, no cesa de buscar desesperadamente a sus hijos, con los que no logra ponerse en contacto. Las autoridades etíopes cortaron las comunicaciones en Tigré durante semanas.

"Nunca habría imaginado que acabaría así. Lo tenía todo en casa", se lamenta, tras haber dormido 17 noches en el suelo, a la intemperie, sin mantas.

En una clínica del campamento, Amir Yehya, enfermero del grupo humanitario Mercy Corps, afirma que las personas mayores necesitan "más cuidados". "Las condiciones son muy difíciles", sobre todo ahora que de noche hace frío.

El director de las instalaciones, Abdel Baset Abdel Ghani, asegura a la AFP que las autoridades sudanesas tienen previsto construir un espacio para los refugiados de edad avanzada que llegan solos.

Sentada en el suelo, Arrafu Mbaye, de 70 años, atiza las brasas de un fuego para cocinar.

Llegó con su hijo, pero este no tiene noticias de su mujer ni de sus hijos.

Desesperada por saber el paradero de sus nietos, Arrafu Mbaye intenta encontrar consuelo en la oración.

"A mi edad, no tendría que estar corriendo o cruzando ríos. Tendría que estar rezando en mi iglesia. Pero debo aceptar la voluntad de Dios", se lamenta.

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